GABRIEL CASTELLÓ (EL PUIG, VALENCIA), autor de ficción histórica en la antigua Roma.
VALENTIA, DEVOTIO y PRINCEPS nos muestran la antigua Hispania desde la rebelión de Sertorio a la de Sexto Pompeyo bajo la visión de los Antonio, ciudadanos de Valentia
Primera mención de la ciudad de VALENTIA (TITO LIVIO)
IVNIVS BRVTVS COS. IN HISPANIA IIS QVI SVB VIRIATHO MILITAVERANT AGROS ET OPPIDVM DEDIT, QVOD VOCATVM EST VALENTIA
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VALENTIA, DEVOTIO y PRINCEPS contienen entre sus páginas muchos de los momentos más apasionantes y dramáticos que vivió la jovenPerla del Turia desde sus primeros años de vida allá por el siglo I a.C. hasta la gran persecución de principios del siglo IV d.C. En VALENTIA conocerás a dos hombres atrevidos y extraordinarios, Quinto Sertorio y Pompeyo el Grande, ambos decididos a dirimir sus irreconciliables diferencias en tierras valencianas inmersos en la cruenta Guerra Civil que sacudió a la vieja República. En DEVOTIO podrás leer dos historias paralelas: la primera de ellas la protagoniza un peligroso triángulo formado por Publio Daciano, el gobernador de la Tarraconense, Eutiquio de Osca, un diácono indomable, y Tito Antonio, un magistrado veterano que se ve atrapado en medio de la gran persecución de los cristianos. La segunda historia nos lleva 20 años después de VALENTIA, cuando el único hijo de Cayo Antonio, Lucio, decide lavar el honor familiar yendo a luchar contra un usurpador que pretende dominar la República: Cayo Julio César.
En PRINCEPS Lucio Naso seguirá a uno de los grandes hombres que protagonizaron el fin de la república, Sexto Pompeyo, conociendo en paralelo las carreras desaforadas hacia el poder de Marco Antonio y Gayo Octavio Turino, quien con el tiempo y astucia acabaría siendo conocido como Augusto, el princeps...
Si siempre has querido saber más sobre la Historia antigua de València, si no te has conformado con la poca y dispersa información que hay sobre ella y crees que hay muchas más cosas interesantes y curiosas que saber de nuestros orígenes esperando a ser descubiertas, acertarás leyendo las epopeyas de Cayo Antonio Naso y su hijo Lucio, ciudadanos de VALENTIA.
El pasado viernes 15 de Junio a las 20:00h comenzó un bonito evento ubicado en uno de los parajes que menciono en mi novela. Según reza la tradición, en el mismo lugar en el que hoy se encuentra la Ermita de Sant Llorenç es donde fue sepulado por primera vez el cuerpo incorrupto de Eutiquio de Osca, conocido para la posteridad por Sant Vicent Màrtir.
De izq. a dcha., Kike Gandía, un servidor, Manuel López y Salvador Raga
Desde aquí quisiera agradecer al Consistorio de Cullera su implicación y ayuda, con especial mención de Kike Gandía, responsable del Museo Municipal de Historia y Arqueología de Cullera, y Salvador Raga, presidente de la Asociación Via Vicentius Valentiae, promotora del Camino de San Vicente Mártir.
Un paraje de leyenda, buena asistencia, amig@s y horchata, una perfecta combinación para una plácida tarde de viernes. ¡Gracias a tod@s!
Nuestro archienemigo de hoy no fue un
gran caudillo militar, o un héroe admirado y loado, fue un joven guerrero, un
elemento más dentro de la feroz resistencia que una sola ciudad opuso a la
máquina militar mejor engrasada del mundo antiguo: Numancia. Sirva este artículo como homenaje no solo al joven Retógenes, sino a los dos mil
quinientos numantinos que, todos a una como la posterior Fuenteovejuna, no
dieron su brazo a torcer ante el invasor romano.
Entremos en contexto. Numancia. Solo mentar aquella pequeña y terca ciudad de Hispania en el foro de
Roma provocaba sarpullido. Los hijos de los grandes hombres, en vez de
alistarse para ganar fama y prestigio en su cursus
honorum, trataban de eludir sus compromisos militares con tal de no acabar
enrolados en el siguiente ejército que partiría hacia la indómita frontera
hispana. Durante casi veinte años, las tribus celtíberas y arévacas se
mantuvieron en clara hostilidad frente a Roma, desafiándola y ocasionándoles a
los cónsules encargados del asunto derrotas y humillaciones como la de G. Hostilio Mancino que, como castigo
por haber pactado con el enemigo, acabó desnudo ante los muros de Numancia. Aquel
cúmulo de desastres perduró hasta que el Senado se hartó de aquella situación
estancada y decidió encargarle al más prestigioso militar del momento, el flamante
conquistador de Cartago, que atajase el problema hispano definitivamente.
En el 134 a.C., Publio Cornelio Escipión Emiliano, nieto adoptivo del Escipión el Africano
que tan bien nos ha recreado últimamente Santiago Posteguillo, tomó las riendas
del asunto. Una vez ratificado en su cargo, y modificado el calendario para
poder acometer el proyecto dentro del año que duraba el mismo, equipó 4.000
voluntarios con su propia pecunia, formando su “cohorte de amigos” con los más
afines de ellos. El Senado le negó fondos para tan arriesgado proyecto, pero
Escipión, con desprecio según nos dejó Plutarco, les dijo que “le bastaba el suyo y el de sus amigos”.
Cuando llegó a Numancia no entró de inmediato en combate con los obstinados numantinos.
Tenía mucho trabajo por delante que hacer con sus propios hombres, cuya
disciplina brillaba por su ausencia tras años y años de falta de liderazgo. Empezando
por expulsar del campamento a las concubinas, rameras, adivinos, buhoneros y
demás parásitos del ejército que convivían con los legionarios, les aplicó
marchas y maniobras con severidad, devolviéndoles a las legiones su condición
de ejército. Uno de los tribunos destinados en Hispania mostró tanta entrega en
recuperar la moral de las tropas que Escipión le condecoró. Se llamaba Gayo
Mario. Estando en aquellas cuitas, llegó su aliado númida, el rey Yugurta, con 15.000 hombres y 20
elefantes. Aun así, sabía que no era suficiente.
Guerrero numantinos
Siempre he sostenido que el arma letal del
ejército romano no fue el pilo, sino la pala, así como que sus mejores
generales fueron verdaderos artistas en el diseño de fortificaciones y asedios,
como demostró Escipión en Numancia y replicaría un siglo después César en
Alesia. Escipión, contando ya con cerca de 60.000 hombres frente a los 2.500
insurgentes, decidió no probar fortuna en un asalto de incierto resultado y cercar
férreamente Numancia y reducirla por hambre y sed. Para ello se valió de una alta
empalizada, fosos, un dique en el Duero y siete campamentos fortificados
alrededor del collado en el que se levantaba la ciudad, muchos de ellos
descubiertos por el hispanista alemán Adolf
Schulten durante sus campañas arqueológicas realizadas entre 1905 y 1914.
Durante el largo sitio de Numancia es cuando
el joven arévaco aparece en la Historia. Según nos dejó Apiano, el hambre ya
apretaba y, quizá por orden del Consejo, un pequeño grupo de cinco guerreros
capitaneado por el tal Retógenes
burló el cerco romano valiéndose de unas ingeniosas escalas y buscó entre las
ciudades vecinas apoyos para poder mantener las espadas en alto. Apiano habla
de que huyeron a caballo, pero dudo que cinco jinetes hubiesen saltado la
empalizada romana, y menos que no se los hubiesen comido tras muchos meses de
cerco a base de una jugosa dieta de pan de bellotas y cuero hervido.
Los Consejos de Termes (Montejo de Tiermes) y Uxama
(Burgo de Osma) le dieron calabazas y solo la juventud guerrera de Lutia (quizá Luzaga) les acogió como
héroes y les prometió ayuda. Uno de los errores más comunes heredados de la
educación de otros tiempos, y que sobrevive en algunos esperpentos televisivos
ambientados en los nuestros, es pensar en una Iberia unida frente al invasor
romano. Esa imagen idealizada del indígena confederado ante la potencia
extranjera es completamente falsa. Ninguna ciudad apoyaba a la vecina per se, pues cada etnia o ciudad de la vieja
Iberia velaba por sus propios intereses, con o contra Roma. Sirva este macabro
ejemplo como prueba de ello: el propio Consejo de los Ancianos de Lutia, temeroso de las represalias del
inflexible Escipión en cuanto se supiese la insurrección de los jóvenes,
decidió anticiparse a los hechos y avisar a los romanos de las intenciones de
sus impetuosos guerreros. La reacción de Escipión fue implacable. Las tropas
romanas entraron en Lutia por
sorpresa, antes de que la leva se movilizase, capturando a los jóvenes
numantinos y sus nuevos aliados lutiakos. El castigo fue tan explícito como
ignominioso: 400 jóvenes guerreros
perdieron aquel día su mano derecha, inhabilitándolos para levantar su espada
contra Roma… y poder morir en un combate honroso. No se sabe si Retógenes fue uno de aquellos 400
mutilados, pero es muy probable de que así fuese. Nada más se supo de él.
El fin de Numancia
Numancia cayó el 133 a.C. Tras la infructuosa
y postrera embajada del consejero Avaros, en la que Escipión no aceptó ningún
trato de favor en caso de pactar la rendición, sus indómitos habitantes
prefirieron el efecto del tejo, el fuego o el hierro antes de acabar comiéndose
unos a otros o cargados de cadenas arrodillados frente a aquel arrogante legado
romano. Solo unos pocos desfilaron en el triunfo de Escipión Emiliano por las
calles de Roma, desde entonces también llamado Numantino, y el resto fueron
vendidos como esclavos. Tras la caída de Numancia, toda la Celtiberia se
mantuvo en paz hasta que, setenta años después, un caballero tuerto e idealista
incendiase Hispania en su rebelión contra la tiranía de Sila: hablamos de mi
querido Quinto Sertorio.
ALONIS, la misteriosa cuarta ciudad romana de la Contestania
Fundada por colonos massaliotas sobre el siglo V a.C., ALONIS (Ἀλονίς en griego), las primeras menciones a la ciudad datan del siglo I a. C. El geógrafo Artemidoro de Éfeso la describió como «isla y ciudad de Massalia», lo que retrotrae la existencia del establecimiento al siglo V a. C. Estrabón, por su parte, no la cita directamente en su Geografía, pero sí habla de «tres fundaciones massaliotas [de las cuales] [...] la más conocida es Hemeroskopeion» (Geografía, III, 4, 6), por lo que se acepta sin dudas que Alonis y Akra Leuké serían las otras dos. Hemeroskopeion estuvo situada en Dénia, o muy cerca, mientras que Akra Leuké ("el acantilado blanco") podría ser la Leucante ibera.
Varias localidades se rifaron ser Alonis durante un tiempo. Siguiendo las descripciones de los geógrafos antiguos, Santa Pola, Benidorm o La Vila Joiosa eran las candidatas. Al mentar Claudio Ptolomeo el puerto ilicitano como un emplazamiento diferente, la controversia quedó reducida a dos posibilidades. La aparición de restos asociables al foro romano en el subsuelo de la Iglesia de la Asunción de La Vila reduce a una opción la ubicación de la antigua Allon / Alonis.
Ya en época romana, se sabe de la existencia de cuatro municipios con administración propia, de los que dependían otras aldeas, postas y poblaciones menores. Estos eran Dianium, Ilici, Lucentum/Leucante y Allon/Alonis. La ubicación de esta última, lejos de la Via Heráclea / Augusta, le confirió una autonomía importante, y más tras la concesión del grado de municipio en el año 74 de nuestra era, siendo Vespasiano emperador en Roma.
La ciudad romana correspondería aproximadamente a La Vila amurrallada en el siglo XVI, con el curso del río Amadorio como límite Sur, la muralla como Norte y Oeste y el puerto como Este. El único elemento romano visible que nos queda de aquella época es este monumento funerario sito a 3 Km. de la ciudad en dirección a Benidorm, a pocos metros de la playa del Racó del Conill.
la Torre de Sant Josep
En diferentes campañas arqueológicas se han ido encontrando muchas cosas en el casco antiguo de La Vila, piezas interesantes que no pueden verse en su lugar de origen a causa de las obras de remodelación del Museo Arqueológico de La Vila. Espero que para esto sí que haya fondos. Una carrera menos y ya estária en marcha. Pegas de vivir en la tierra del PANES ET CIRCENSES.
A las 19:30 ya estábamos preparados. A nuestro lado de la mesa, Miguel Ángel Badal, Sebastián Roa y un servidor, dos artistas del medievo junto a un ilusionista de la antigua Roma. Sobre la mesa sus últimas obras, "El Señor de Loredemanos" y "Venganza de Sangre" respectivamente. Mi "Devotio" era tan virtual como el mercado digital en el que estoy embarcado. Estaba presente e intangible a la vez.
Entre el público grandes amigos y camaradas de pluma y tintero, como Isabel Barceló, Rafa Lillo, Marta Querol, Txema Gil, Raúl Borrás, Santiago Álvarez, Jordi Llobregat, José Sanz, Alejandro Mohorte y un largo etcétera, y que me perdonen los que mi memoria de pez no retiene.
Amigos, libros y armas de época, buena compañía
Fue una velada magnífica. La hora y media prevista pasó volando. La Mesa abrió con la oportuna pregunta retórica de Miguel Ángel... ¿La novela histórica enseña a la par que distrae? Con ella comenzó el debate, que no fue en un único sentido.
Mi más sincero agradecimiento a Bibliocafé por concederme esta oportunidad y, cómo no, a tod@s los asistentes por su complicidad. Lo pasamos francamente bien. Os recomiendo que, quienes todavía no conozcáis sus obras, os acerquéis a ellos. Escriben muy bien, transmiten pasión y crean ficición histórica de calidad.
Será un bonito encuentro con Miguel Ángel Badal y Sebastián Roa, perfectos creadores de historias ambientadas en la Edad Media, con todas las complicaciones que ello conlleva. Estoy seguro que daremos que hablar...
"Después de algunas luchas e infortunios que los dioses han puesto en mi camino, retomo los pasos de Dionisio, dios del teatro, para intentar sacaros de las tristezas cotidianas. Esta es una tragicomedia musical en un acto que espero que os agrade y pueda representar largo tiempo por los teatros de Hispania.
Solo acompañado de mi esclavo y de ingenio que los dioses hayan querido darme en estos momentos, intentaré pasearos por los caminos de los sentimientos humanos.
Gracias por venir a vernos, espero no defraudaros"
Moncho Borrajo
En la puerta del Olympia...
No necesitó Moncho Borrajo la injerencia de los dioses para no defraudarnos, pues su arte y oficio fue más que suficiente para que las más de dos horas que duró la función no dejara de reirme.
Con un sonoro ¡Ciudadanos de Valentia! comenzó su obra, decalamando trágicamente ante un cuerpo inerte y ensangrentado cual Antonio en el "Julio César" de Shakespeare. Monchus Gayus Borrajus, siempre atendido por su fiel esclavo Antonino (Antonio Campos), nos hizo brotar las primeras risas con su original epístola de la víctima de nuestro actual sistema económico, que no revelaré porque merece la pena escucharle...
A partir de ese momento, el humor ácido e irreverente de Moncho Borrajo hizo brotar las carcajadas del respetable, repasando con paralelismos muy acertados como el latrocinio público, la envidia y la simpleza mental han sido patrimonio de estas tierras hispanas desde tiempos ancestrales. Por algo somos la patria de acogida del "panes et circenses", donde las carreras y la televisión basura
priman más que la literatura y el patrimonio... ¿Os suena?
GOLFUS HISPANICUS estará en cartel en el Teatro Olympia de Valencia hasta el domingo 27 de Mayo. No os la perdáis.
Nuestro archienemigo de hoy es otro bravo bárbaro del norte olvidado
intencionadamente por la propaganda imperial de su época, pues suyo fue el
terrible honor de haber sido el primero en derrotar y dar muerte a un emperador
romano en el campo de batalla. Poco más nos ha llegado sobre el resto de su vida
y obra, pero sí mucho del turbio contexto histórico que abocó en su rotunda
victoria.
Prácticamente nada se sabe del origen de Cniva; su nombre le
evidencia su origen godo (Kniwa, significa en esa lengua cuchillo, de
ahí podría proceder el anglosajón knife), y su aparición en la Historia viene
derivada de la primera vez que su pueblo cruzó el limes danubiano
dispuesto a saquear la provincia romana de Moesia. Procedentes del
Báltico, probablemente del sur de Suecia, este pueblo germánico llegó a ocupar
buena parte de la Dacia romana antes de atreverse con aquel objetivo tan
suculento. Las fuentes históricas de origen griego nos hablan de que
Cniva acaudillaba una coalición “escita”, afirmación entendible
en su contexto pues este rey godo estaba a la cabeza de una soberbia migración
multiétnica en la que, a buen seguro, también había vándalos asdingos, sármatas,
bastarnas e incluso algunos desertores romanos, quienes serían sus guías en
tierras desconocidas. El término escita no es estrictamente correcto para
definir a todos estos bárbaros del noreste; se debe a que, para muchos
historiadores del momento, todos aquellos pueblos más allá de los Cárpatos eran
considerados como escitas, aludiendo a los legendarios jinetes arqueros de las
estepas euroasiáticas.
Decio
De quien sí que sabemos mucho más es del que fue su adversario. Gayo
Mesio Quinto Decio, nacido en Budalia, Iliria (Martinci,
Serbia) en el 201, llegó a la más alta dignidad imperial en el 249 de nuestra
era. Gran admirador del primer emperador hispano desde sus años como gobernador
de la Tarraconense, adoptó el nombre de Decio Trajano en cuanto
fue investido como emperador por el Senado. Claramente dispuesto a recuperar la
maltrecha situación del Imperio, se dispuso a reformar el estado para sacarlo de
la profunda crisis en la que estaba sumido. Persiguió a los cristianos con
encono, siendo considerado por la Iglesia como “un feroz tirano”. De mentalidad
parecida a Trajano, y a los posteriores Aureliano y Juliano, estaba convencido
de que el cristianismo era un cáncer para el Imperio y de la absoluta necesidad
de volver al culto de los dioses patrios. Pero, por desgracia, Roma no sólo
tenía problemas internos. Su antecesor en el trono, el débil Marco Julio Filipo,
Filipo el Árabe, había resuelto el problema godo pagando
ingentes tributos a cambio de paz. Cniva y los suyos
entendieron que dicho tratado expiró con su valedor, pues éste murió en Verona
en el 249 en combate frente al nuevo césar proclamado por las legiones,
Decio, así que en la primavera del 250 los godos cruzaron el
Danubio en Novae (Svishtov, Bulgaria), tomándola al asalto y asolando
después media Moesia a su paso. Esta situación tan complicada obligó al nuevo
regente del Imperio a dejar aparcado su programa reformista, ponerse al frente
de las legiones y marchar hacia el Danubio dispuesto a atajar el problema
godo.
Nicopolis Ad Istrum
Los bárbaros tenían Nicopolis ad Istrum (Nikyup, Bulgaria) cercada
cuando las enseñas imperiales aparecieron en lontananza, sorprendiendo a los
sitiadores. Cniva, no dispuesto a presentarle batalla al emperador en aquel
terreno desfavorable, levantó el sitio de forma atropellada y se replegó hacia
Philipolis (Plovdiv, Bulgaria) rodeando el monte Haemus. La
treta de Cniva fue digna de un gran estratega, pues fue Decio
el sorprendido unos días después en Augusta Traiana (también conocida
por Beroë, es la actual Stara Zagora, Bulgaria) cuando los godos asaltaron su
campamento, lo saquearon y dispersaron a las legiones. Era la primera vez que un
emperador romano huía de un caudillo bárbaro, un peligroso precedente que
empeoraría durante aquella misma campaña. El desconcierto en las filas
romanas fue utilizado simultáneamente tanto por el enemigo bárbaro como por el
adversario político de Decio. Al inicio del verano del 251, Cniva ordenó tomar
al asalto Philipolis con suma crueldad. Miles de ciudadanos fueron
violentados y esclavizados o asesinados durante el severo pillaje. Mientras
tanto, el hermano de Filipo el Árabe, Gayo Julio Prisco, se
hizo proclamar emperador en la vecina Tracia. El problema de aquel inoportuno
usurpador se resolvió solo, pues Prisco fue asesinado poco después, pero el feo
asunto godo no parecía tener tan fácil solución. Decio, horrorizado y encorajinado por los testimonios de los pocos
supervivientes que pudieron escapar del horror de Philipolis, reagrupó sus
tropas frente aquella ciudad, tratando de envolver a Cniva. El caudillo godo,
sabedor de la dificultad de mantener un asedio con hombres cansados dentro de
una población masacrada y sin víveres, optó por retirarse con el ingente botín
de guerra y los nobles cautivos hacia un lugar que le permitiese tener camino
expedito al Danubio, dividiendo su ejército en pequeños grupos difíciles de
apresar por su gran movilidad. Decio les siguió, metiéndose él mismo si ser
consciente de ello en una trampa letal. El lugar en el que Cniva decidió que
había llegado el momento de reunirse y combatir fue un paraje cenagoso en la
Ludogorie (“la región de los bosques salvajes”, en la mesera de
Dobruja, actual Bulgaria nororiental), cerca de la pequeña población de
Abrittus, también conocida como Forum Terebronii (a un
kilómetro de la actual Razgrad) El rey godo conocía muy bien el terreno,
aventajando en ello a su adversario. Este lugar insignificante próximo a un
espeso pantano de Moesia estaba a punto de pasar a la Historia.
Lugar donde ocurrió la batalla de Abrittus (Razgrad, Bulgaria)
Hay disparidad de fechas según las fuentes consultadas, desde la segunda
semana de Junio a mediados de Agosto, aunque la más referida es el primero de
Julio del 251. Fuese cuando fuese, los hombres de Cniva, muy probablemente
hambrientos y desesperados, se enfrentaron con las legiones comandadas por el
emperador Decio en aquella inmensa ciénaga de Abrittus. Cniva dividió su
ejército en tres partes, ocultando la más numerosa de ellas en el pantano. Según
Jordanes, al inicio de la batalla, Herenio
Etrusco, el hijo del emperador, fue alcanzado por una flecha, con tan
mala fortuna que le causó la muerte. Como gesto de entereza para alentar a sus
hombres, se dijo que su propio padre exclamó:
Que nadie llore; la muerte de un soldado no es gran pérdida para la
República.
Quizá alentados por el coraje del emperador, quizá obcecados en una lucha
atípica para la férrea disciplina militar romana, o quizá atraídos por la
artimaña de Cniva de aparentar debilidad cuando el grueso de su ejército
permanecía esperando agazapado en aquel lodazal, el ejército imperial se fue
empantanando más y más en aquella charca de Abrittus, engañado por su temprano
éxito, y acabó combatiendo entre el barro hasta que la treta del godo invirtió
el equilibrio. El ejército romano fue totalmente aniquilado. El emperador Decio
murió junto a sus hombres en aquella desastrosa batalla. Con estas palabras lo
reflejó el historiador Sexto Aurelio Víctor:
… Decio, mientras perseguía a los bárbaros al otro lado del Danubio, murió
por traición en Abrito después de reinar dos años… Muchos cuentan que su hijo
cayó en batalla mientras dirigía un ataque demasiado audazmente; el padre, en
cambio, había afirmado enérgicamente que la pérdida de un soldado parecía
demasiado insignificante para preocuparse. Y así siguió con la guerra, y murió
de manera parecida mientras peleaba enérgicamente…
Y así lo describió años después Lucio Celio Lactancio,
historiador cristiano y, por lo tanto, enemigo de la memoria y valentía del
emperador pagano:
…fue repentinamente rodeado por los bárbaros, y le mataron, junto con gran
parte de su ejército; no pudo ser honrado con los ritos de la sepultura, sino
que, despojado y desnudo, yació para ser devorado por las fieras salvajes y las
aves, un final adecuado para el enemigo de Dios…
La presunta traición que mentaron Aurelio Víctor o
Zósimo en sus crónicas de este infame episodio de la Historia
de Roma se basó en rumores malintencionados que atribuían la muerte de Decio a
una conspiración secreta entre su legado Gayo Vivio Treboniano Galo
y los godos, felonía que nunca se pudo demostrar. Su inmediata adopción
de Gayo Valente Hostiliano, el segundo hijo de Decio, de apenas
un año de vida y heredero tácito de la púrpura imperial, pone en contradicción
semejantes y aviesos planes, así como que los mismos legionarios supervivientes
encumbrasen como nuevo emperador al autor de tamaña catástrofe si era sospechoso
de haber causado tantas muertes entre los suyos. De todos modos, la peste
bubónica que asoló Roma un año después se llevó al chico, y con él las sospechas
de una posible usurpación.
Como artífice de la masacre de Abrittus, Cniva entró en la
Historia como el primer rey godo en enfrentarse a las legiones dentro del limes,
vencerlas y ser verdugo de un emperador de Roma. Decio fue el
primer emperador en morir al frente de sus tropas durante una batalla, algo tan
deplorable para un Imperio que comenzaba a agotarse moral y económicamente que,
quizá a causa de esta ignominia, o a raíz de otras calamidades que sobrevinieron
después, sobre los Decii cayó una damnatio memoriae.
Treboniano Galo no tuvo más remedio que pactar con Cniva un enorme tributo
compensatorio antes de tener que cederles territorio romano. Nada más se supo de
él. A su muerte siete años después de la batalla de Abrittus, su pueblo se
dividió en dos grandes grupos, los godos del Este (Ostrogodos)
y los del Oeste (Visigodos)
El intrépido rey Cniva había abierto un camino sin retorno para otros
caudillos bárbaros venideros: Roma no era invencible, sus emperadores también
podían morir en combate y las provincias del Imperio quizá pudiesen ser sus
nuevas tierras…
Aquí tenemos dos de "Los Enemigos de César" que protagonizan Devotio
El Rey Juba I de Numidia, aliado forzoso de Pompeyo el Grande y personaje controvertido... Su participación en la guerra civil no estuvo exenta de polémica, más motivada por su odio a César que por una connivencia de pensamiento político con sus enemigos.
Desde su flamante capital, Cirta (Constantina, Argelia), actuó como un rey helenístico en un estado abocado a caer bajo la órbita de Roma. Fue el último rey independiente como tal de Numidia...
Marco Porcio Catón, conocido también como Catón el Joven o de Utica, pues en dicha ciudad fue en la que se suicidó; fue el adalid de la moral y virtud romanas y referente ético de los "hombres buenos". Durante la guerra civil se convirtió en el lider espiritual de la facción más conservadora... manteniendo esa influencia incluso después de muerto. Hasta el propio César tuvo que escribir su "Anticatón" para desmitificar su figura.
Incorruptible, honesto, honrado y republicano hasta la médula, es uno de los mitos de la antigua Roma.
En esta recreación nos podemos hacer la idea de como serían en realidad los rostros de Gneo Pompeyo Magno y Gayo Julio César, los dos hombres más poderosos de la República en el año 49 a.C., el año en el que comienzan las crónicas de Lucio Antonio Naso...
Esta
superproducción británico-suiza-estadounidense atesora varios records del mundo
del celuloide, una joya como película péplum que casi acaba con la caja de la 20th Century Fox y la vida de Elizabeth Taylor. Más que narrar el
archiconocido argumento de los sendos romances de la reina egipcia con los dos
hombres más poderosos de su tiempo, nos fijaremos en los detalles curiosos que
rodearon la gestación de esta obra, así como las disparidades históricas más
relevantes que contiene. Para saber de sus andanzas reales, os invito a leer la
revisión que hice del personaje en HdH:
En 1960, la 20th Century Fox estaba pasando por
un bache empresarial. Necesitaban una película con la que hacer caja rápida, y
qué mejor para ello que meterse en una revisión de bajo coste de alguna
película atractiva y exitosa, pero al estilo superproducción épica tan al gusto
de la época. La elegida para el re-make
fue la Cleopatra de Cecil B. Demile de 1934. En principio se presupuestaron dos millones de
dólares para acometer el proyecto, encargándoselo al director Rouben Mamoulian, quien optó por fichar
a la actriz afroamericana Dorothy
Dandridge como Cleopatra, a Peter
Finch como César y Stephen Boyd
como Marco Antonio (un auténtico especialista en el género de capa y espada en
sus tiempos, comparable al actual Orlando Bloom) A los pocos meses de comenzar
el proyecto, la Fox se deshizo de Mamoulian y el reparto abandonó el rodaje para
acometer otros compromisos más lucrativos. Ante aquel temprano fiasco, la
productora contrató al director de origen judío-alemán Joshep L. Mankiewicz, y no reparó en gastos para traerse a la rutilante
estrella del momento, Elizabeth Taylor,
quien firmó un contrato de un millón de
dólares por la película, con una penalización de 50.000 dólares semanales por
demora. La acompañarían en los papeles principales Rex Harrison (C. Julio César), Richard
Burton (Marco Antonio) y Roddy
McDowall (Octavio)
Trailer original de la película
La película empezó a filmarse en Londres, y
esta decisión supuso un problema desde el principio. Los decorados, las plantas,
y la salud de la Taylor, se vieron muy damnificadas durante el rodaje por el
frío y húmedo clima inglés, llegando ésta a tener que ser atendida de urgencia
durante un rodaje y teniéndosele que aplicar una traqueotomía para salvarle la
vida. En el “Cómo se hizo…” hay planos en los que se ve a Cleopatra en tirantes
echando vaho al hablar… algo que no resulta muy egipcio. Seis meses después, viendo
que ni el frío remitía, ni Elizabeth Taylor mejoraba, el rodaje se trasladó a
Roma y España, con el sobrecoste que ello conllevó (la batalla de Farsalia está
rodada en Almería) Como contrapunto a las penalidades que padeció la actriz
durante el rodaje, fue por entonces cuando conoció a Richard Burton. El romance
del celuloide pronto se trasladó a la vida real, propiciando un escándalo que,
al principio, no fue bien visto por la productora.
Al final, y después de tantos inconvenientes y
prorrogas, el rodaje duró 14 meses,
frente a los escasos dos meses presupuestados, y Mankiewicz le presentó a la
Fox una película de seis horas.
Aquellos rechazaron inmediatamente su propuesta, proponiéndole cortar dos horas
de película. El director, celoso defensor de su trabajo, hizo una contraoferta:
partir la película en dos: César y
Cleopatra y Antonio y Cleopatra.
De nuevo, la Fox dijo que no, esta vez pensando en que alargar la entrada en
escena de Richard Burton, siendo titulares su relación amorosa con Elizabeth
Taylor, no les convenía para obtener el retorno de la inversión que
necesitaban. No era broma, la excesiva demora, los problemas técnicos y de
salud y el coste del proyecto en sí se habían tragado ya 44 millones de dólares (en la equivalencia de hoy, sobre 320), y
urgía hacer caja, pues peligraba hasta la viabilidad económica de la Fox,
asfixiada por tamaño macro-proyecto.
Mankiewicz tuvo que claudicar y la cinta se
estrenó durando 3 horas recortando escenas importantes, pero fue el mayor éxito
de taquilla hasta aquel momento, recaudando 24 millones de dólares en el primer año, un montante astronómico
que no cubría ni la mitad de la inversión. Fue algo así como morir de éxito…
La película no se basa en ninguna novela, sino
en un ensayo llamado “The Life and Times
of Cleopatra”, por lo que los guionistas se limitaron a seguir de cerca los
hechos históricos narrados por los clásicos, pero con algunas licencias. Las
más sonadas son:
·Marco Vipsanio Agripa no fue almirante de la
armada con C. Julio César, era mucho más joven que el dictador, de la edad de
Octavio, y su amigo personal, y sólo ostento el título de praefectum navis a partir de la guerra en Sicilia contra Sexto
Pompeyo (36-39 a.C.)
·Imperator no significa
“emperador” con el concepto que hoy manejamos; muchos legados durante la
República lo fueron, y no fueron emperadores. El primer emperador “oficial” fue
Octavio (Augusto); otro error es
concederle el título de dictador a César como algo simbólico; no lo era, César
vivió su último año en Roma como un monarca disfrazado de cónsul.
·César nunca hubiera tomado en brazos a su hijo bastardo con
Cleopatra, Cesarión. Ello habría
conllevado su inmediata adopción y/o reconocimiento de linaje según la lex romana.
·Cleopatra jamás pisó el
foro romano. Las leyes de la república impedían a un rey extranjero cruzar el pomerium (una línea indeterminada que
delimitaba el área sagrada de la antigua Roma) César la alojó en su villa del
Tiber, fuera de dichos límites. La dichosa escena costó seis meses de rodar: el
director de fotografía no encontraba el día idóneo, pues la luz natural de Roma
no le convencía…
·Mobiliario, vegetación y decorados son anacrónicos, así como
el extenso vestuario de la reina (Elizabeth Taylor usó más de 65 diferentes vestidos durante el
rodaje)
Rex Harrison es César
Por el lado interpretativo, Rex Harrison borda
el papel de César, Richard Burton me resulta un Marco Antonio un poco light (la Historia nos describe al
triunviro como un tipo libertino y vicioso, y Burton se comporta como un
fraile), Roddy McDowell está bien como Octavio, quizá demasiado mayor para el
papel, pero quien luce como Isis, y sin tener facciones mediterráneas como
sería de esperar en una mujer griega como lo fue Cleopatra VII, es Elizabeth
Taylor; está sencillamente espléndida. Gran trabajo tiene por delante Angelina
Jolie para hacernos desaparecer de la cabeza la imagen de su antecesora como
genuina reina de las dos tierras…
La Cleopatra que retenemos en nuestros recuerdos
Recreación del rostro de la verdadera Cleopatra VII
La crítica fue feroz con esta superproducción,
pero la caja acompaño, aunque no en el primer año. Cleopatra de la Fox obtuvo cuatro
Óscar y nueve candidaturas en 1963, pero no obtuvo ninguno de los denominados
importantes. En contraposición, Elizabeth Taylor se llevó una cicatriz en la
garganta, un nuevo marido y 7 millones de dólares de la época… Ahora,
familiares de Mainkiewicz y de aquellos directivos de la Fox están tratando de
recuperar los rollos denostados para lanzar una edición especial con la
película íntegra.
Si esta película os atrapa como lo hace a mi, no dejés de releer este post escuchando su banda sonora, una pieza estupenda compuesta por Alex North. Aquí os dejo la Overtura:
Tres hombres distintos cuyas vidas confluirán
en Valentia, a dos de ellos los engullirá la Historia, el tercero forjará una
leyenda. Pocos conocen su verdadero nombre, muchos su apodo: Vincentius.
Valentia en tiempos de Vincentius
El nuevo gobernador de la Tarraconense, Publio Daciano, un veterano de las
legiones de pasado oscuro, está dispuesto a que su primer cargo provincial sea
el impulsor de sus ambiciones. Para ello no escatima esfuerzos en aplicar los
edictos imperiales de Diocleciano con absoluta severidad. En plena persecución religiosa,
el joven diácono de Caesaraugusta, un muchacho arrogante llamado Eutiquio de Osca, es arrestado junto a
su obispo y conducido a Valentia para ser ambos juzgados por su apostasía. Tito Antonio, magistrado emérito y
hombre de edad y reconocido carisma en la colonia, acaba siendo el abogado del
joven cristiano frente a un riguroso tribunal liderado por el propio
gobernador…
HISPANIA, primavera del 49 a.C.
La
República está en guerra. César controla Roma y se dirige a marchas forzadas
hacia Hispania con tal de derrotar a las legiones fieles a Pompeyo el Grande acantonadas en Ilerda. Lucio Afranio, uno de los legados de Pompeyo en la Citerior, se ve
forzado a realizar una leva entre los indígenas para reclutar efectivos con los
que reforzar sus legiones. Un muchacho berón se entera de su verdadero nombre y
ascendencia en la víspera de dicha leva. Su padre no es solo un sencillo
aldeano, es un prófugo, un ciudadano romano exiliado forzosamente tras las
guerras sertorianas. Tras conocer los dramáticos motivos que obligaron a su
padre a no volver a su Valentia natal, decide enrolarse en la milicia celtibera
para restaurar el honor de la familia.
Pompeyo el Grande
En las cartas que Lucio Antonio, el hijo de Cayo Antonio Naso, les escribe a sus
padres entre campaña y campaña el lector descubrirá una versión paralela de la
Crónica de la Guerra Civil de César, pero vista desde el lado pompeyano, siendo
sus ojos testigos de acontecimientos tan atemporales como las batallas de
Farsalia o Tapsos, la muerte de Pompeyo o el suicidio de Catón. Su relato le
sumergirá en la agonía de la República romana, las intrigas intestinas que socavaron
a los enemigos de César, además de estremecerle con su historia de amor
imposible con Varinia, la hija del propretor de África hasta llegar al final de
la guerra tras el sangriento asalto de Corduba.