Primera mención de la ciudad de VALENTIA (TITO LIVIO)

IVNIVS BRVTVS COS. IN HISPANIA IIS QVI SVB VIRIATHO MILITAVERANT AGROS ET OPPIDVM DEDIT, QVOD VOCATVM EST VALENTIA





La Saga de los Antonio de Valentia

Bienvenid@s a la antigua Hispania romana...

Querid@ amig@, te invito a un viaje muy especial, una ventana que te permitirá ver nuestro pasado y conocer las costumbres y vidas de nuestros ancestros, tan sólo dos mil cien años atrás, cuando esa bella dama llamada València nacía en la isla fluvial del curso bajo del Turivs de la mano de las palas, el sudor y la ilusión de poco más de dos mil veteranos licenciados de las legendarias legiones de Roma.

VALENTIA, DEVOTIO y PRINCEPS contienen entre sus páginas muchos de los momentos más apasionantes y dramáticos que vivió la joven Perla del Turia desde sus primeros años de vida allá por el siglo I a.C. hasta la gran persecución de principios del siglo IV d.C.


En VALENTIA conocerás a dos hombres atrevidos y extraordinarios, Quinto Sertorio y Pompeyo el Grande, ambos decididos a dirimir sus irreconciliables diferencias en tierras valencianas inmersos en la cruenta Guerra Civil que sacudió a la vieja República.

En DEVOTIO podrás leer dos historias paralelas: la primera de ellas la protagoniza un peligroso triángulo formado por Publio Daciano, el gobernador de la Tarraconense, Eutiquio de Osca, un diácono indomable, y Tito Antonio, un magistrado veterano que se ve atrapado en medio de la gran persecución de los cristianos. La segunda historia nos lleva 20 años después de VALENTIA, cuando el único hijo de Cayo Antonio, Lucio, decide lavar el honor familiar yendo a luchar contra un usurpador que pretende dominar la República: Cayo Julio César.


En PRINCEPS Lucio Naso seguirá a uno de los grandes hombres que protagonizaron el fin de la república, Sexto Pompeyo, conociendo en paralelo las carreras desaforadas hacia el poder de Marco Antonio y Gayo Octavio Turino, quien con el tiempo y astucia acabaría siendo conocido como Augusto, el princeps...

Si siempre has querido saber más sobre la Historia antigua de València, si no te has conformado con la poca y dispersa información que hay sobre ella y crees que hay muchas más cosas interesantes y curiosas que saber de nuestros orígenes esperando a ser descubiertas, acertarás leyendo las epopeyas de Cayo Antonio Naso y su hijo Lucio, ciudadanos de VALENTIA.

PLVRIMAM SALVTEM OMNIBVS!


Gabriel Castelló

El Puig (València)

domingo, 1 de julio de 2012

Archienemigos de Roma: SIMÓN BAR KOBJA, el verdadero Mesías



Archienemigos de Roma:
Simón Bar Kobja, el verdadero Mesías

Nuestro archienemigo de hoy fue un hombre religioso y patriótico, una verdadera molestia para un Imperio cada vez más helenístico. Su obstinación y sedición provocó una de las represalias más sangrientas de la Historia, además ordenada por un personaje al que el paso del tiempo lo ha catalogado como más un filósofo que un militar.

 No se sabe con exactitud cuando nació Simón ben Kosba (שמעון בן כוסבא), también llamado ben Koziba (בן כוזיבא) en otras fuentes, quien acaudilló la gran rebelión de los judíos contra el Imperio Romano. Su nombre entró en la Historia cuando el Taná Raví Akiva ben Iosef, sabio rabínico y persona influyente del Sanedrín, le concedió el nombre de Bar Kokeba (del arameo “Hijo de una Estrella”, en referencia al versículo bíblico Números 24:17, “Descenderá una estrella de Iacob”) De esta manera, Akiva señaló a Ben Kosba como el auténtico Mesías que liberaría al pueblo judío de sus opresores.

Pero, ¿por qué el tal Akiva avivó una rebelión en toda regla contra las autoridades romanas? La explicación es sencilla: tras la toma de Jerusalén por las tropas del hijo del emperador Vespasiano, Tito, en el año 70, el delicado equilibrio entre gobierno romano y tradición judía que se había iniciado con Herodes se rompió. La ciudad fue ferozmente saqueada, el Templo incendiado y destruido y muchos de los elementos sagrados del culto judío acabaron exhibidas como botín del Flavio durante su Triunfo por las calles de Roma. A la humillación religiosa se unió el casi un centenar de millar entre muertos y esclavos que originó aquella rebelión de los sicarios. El Sanedrín no volvió a reunirse nunca más en Jerusalén, fue desplazado a Yavne y una legión, la X Fretensis, quedó como custodia de la provincia de Judea, con un pretor y no un prefecto como su máxima autoridad. En equivalencia a nuestros días, Roma aplicó en la zona una especie de ley marcial.

 Sesenta años después, el emperador Adriano decidió remodelar de nuevo la vieja ciudad, pero llamándola Aelia Capitolina (Aelia por su nombre, Publio Elio Adriano, Capitolina por el Gran Padre Júpiter) No contento con eso, en su línea de “civilizar” a los primitivos judíos, el emperador promulgó un decreto por el que prohibía expresamente la práctica de la circuncisión, así como el respeto del Sabbat y otras leyes religiosas. Hay que pensar que para un hombre tan “filo helénico” como fue Adriano, la circuncisión no era más que una aberrante mutilación. Nada sabían por entonces los médicos de estadísticas sobre el origen de las infecciones y su estrecha relación con la mortalidad infantil, verdadera razón por la que un prepucio limpio hacía llegar más niños a la madurez. Como último intento de llegar a un pacto, el Raví Akiva encabezó una delegación que se entrevistó con el pretor romano, Turno Rufo, pero éste desoyó la petición de los judíos. La chispa de la sedición estaba prendiendo con fuerza en la siempre díscola Judea...
 Según Dión Casio, la revuelta estalló cuando Turno Rufo decidió mover la VI Ferrata a la capital de Judea para asegurarse una tranquila refundación de Jerusalén como Aelia Capitolina. Corría el año 132 cuando Akiva, indignado por la provocación romana, convocó al Sanedrín y a los elegidos para ejecutar la ansiada rebelión. En aquella reunión secreta, el Raví y sus afines decidieron como levantar la provincia entera sin caer en los errores que Simón Bar Giora cometiese en la revuelta del 60. El nuevo Simón, el presunto Mesías, fue el elegido para ejecutar los planes del Sanedrín: alzó con éxito la ciudad y provincia contra Rufo, aniquilando de paso a la VI Ferrata y a la XXII Deiotariana que pretendía auxiliar al pretor desde su base en Egipto. En muy poco tiempo, Simón bar Kobja controlaba toda la Judea romana ejerciendo de caudillo militar apoyado sin condiciones por la facción más dura del sector religioso.

 La noticia de la rebelión llegó pronto a Antioquía, donde casualmente se encontraba el emperador Adriano. Incapaz de reaccionar con rapidez ante aquella inesperada sedición, necesitó cerca de dos años y medio para movilizar las doce legiones que llegaron desde todo Oriente, incluso desde el Danubio, y ponerlas bajo el mando de un hombre de gran reputación en asuntos militares, Sexto Julio Severo, hasta entonces gobernador de Britania. Mientras tanto, Simón bar Kobja fue proclamado oficialmente “Nasí”, Príncipe de Israel, gobernó como un soberano toda Judea, llegando a acuñar monedas con el lema “Era de la Redención de Israel”. Con la ayuda de su aliado Akiva como líder indiscutible del Sanedrín, quien había reanudado los sacrificios y oficios del judaísmo proscritos por el gobierno de Roma, según pasaban los meses se sentía más fuerte, además de convertirse en un imán para el resto de judíos diseminados por todo el Imperio que volvían a su tierra llamados por la ilusión de su mensaje libertador.

 Pero Roma nunca fue un enemigo cómodo, es más, Adriano heredó de su antecesor la mayor extensión territorial que tuvo el Imperio, por lo que no podía consentir que un sedicioso pueblo sometido desestabilizase la siempre insegura frontera oriental. Severo hizo enseña de su cognomen. Evitando siempre una batalla campal de incierto resultado, en el verano del 135 entraba a sangre y fuego en Jerusalén, con mayor crudeza y brutalidad que en el asalto de las tropas de Tito. El Raví Akiva fue apresado durante la contienda y conducido a Cesárea, base romana desde tiempos de Herodes, donde fue acusado de violar el decreto de Adriano que prohibía expresamente la enseñanza de la Torá. Los carceleros romanos en Oriente nunca se caracterizaron por su indulgencia: Akiva ben Iosef fue torturado con peines de hierro incandescentes que arrancaban la piel a tiras, llamados “uñas de gato”, hasta morir. Es uno de los diez mártires del judaísmo que se sigue venerando hoy en día.
El Incendio del Templo, en el asalto del 70

 Tras la caída de Jerusalén, el “Nasí” y sus más fieles huyeron a la fortaleza de Bethar (Beitar) Por órdenes directas de Adriano, Julio Severo les siguió, les rodeó y tomó Bethar al asalto sin ninguna piedad, propiciando la muerte de todos quienes allí resistían. Así lo recoge el Talmud. Además, tuvieron que pasar diecisiete años para que las autoridades romanas permitiesen enterrar los restos apilados de los rebeldes que quedaron allí como banquete para los buitres. Bar Kobja murió en Bethar, defendiendo su credo y país hasta su último aliento. Como tributo a su coraje, el primer presidente del moderno estado de Israel cambió su nombre auténtico, David Grüm, por David Ben Gurion en homenaje a uno de los aguerridos oficiales que acompañaron hasta la muerte a Simón bar Kobja. No todos los judíos secundaron aquella rebelión. Sus detractores, tanto judíos como “filo romanos”, le llamaron Simón bar Koceba (“el hijo de la mentira”), en burla a su mesiánica obstinación.
 Según Dión Casio, la revuelta de Simón bar Kojba se saldó con 580.000 judíos muertos, así como el asalto de cincuenta ciudades y 985 aldeas. Como hemos visto, en el otro bando tampoco fueron pocas las bajas. Cuando el emperador envió notificación al Senado de su victoria, excluyó la frase protocolaria “Yo y las legiones estamos bien” en consideración a las defenestradas X y XXII.  Además, no hubo triunfo por la gesta de Severo, siendo este el único caso conocido en el que un legado victorioso no reclamase su momento de gloria en las calles de Roma.
El emperador Adriano
 Para evitar nuevas tentaciones, Adriano ordenó la quema de los libros sagrados de los judíos en la colina del Templo, se prohibió la Torá y el calendario judío. En el solar del Templo se erigieron dos estatuas, una de Júpiter y otra suya. La provincia romana de Judea desapareció, integrándose en Syria Palaestina, nombre inspirado en los filisteos, enemigos seculares del pueblo judío. Como humillación final, se prohibió a todo judío entrar en Aelia Capitolina… ¿Quizá fue un hispano, Adriano, quien inició en aquel sangriento verano del 135 la diáspora de los judíos?





martes, 19 de junio de 2012

El diario Levante hace eco de DEVOTIO


Reportaje en el diario Levante-EMV publicado el Domingo 17 de Junio en su edición de La Ribera sobre la presentación de "Devotio, Los Enemigos de César" en la Ermita de Sant Llorenç de Cullera:



Archienemigos de Roma: SIMÓN BAR GIORA, el edomita rebelde


ARCHIENEMIGOS DE ROMA:

SIMÓN BAR GIORA, EL EDOMITA REBELDE


Nuestro archienemigo de hoy fue uno de los líderes judíos que se rebelaron contra Roma a finales del principado de Nerón, provocando el mayor desastre físico, humano y espiritual que sufrió Jerusalén en toda la Antigüedad clásica. Su obstinación y fe ciega en su Dios llevó al pueblo de Israel a uno de los episodios más sangrientos de su agitada Historia.

 En el año 66 de nuestra era, siendo por entonces emperador Nerón, Jerusalén, y toda Judea, se alzó contra Roma… Pero, ¿por qué una provincia hasta entonces anodina y tranquila osó desafiar al estado más poderoso de su época? Entendamos las causas: Judea entró en la órbita romana en una de las exitosas campañas de Pompeyo el Grande, en el 63 a.C. Tras la reordenación del Oriente romano, varios regentes títere al gusto de la República, estilo Herodes el Grande y su inoperante descendencia, gobernaron la provincia bajo la supervisión de un prefecto romano, dejando a los judíos un presunto autogobierno que mantuviese sus tradiciones, siempre y cuando se aportasen regularmente los tributos fijados para la provincia. Aquel tenso equilibrio entre tolerancia religiosa y aceptación política se truncó en la Pascua del año 66. Según nos ha dejado en sus crónicas Flavio Josefo, historiador judeo-romano partícipe en este relato, los motivos de la revuelta fueron la realización de un sacrificio a los dioses ante la Sinagoga de Cesárea, importante ciudad portuaria de Judea con numerosa población de origen griego, el latrocinio de diecisiete talentos de oro destinados al Templo por parte del procurador Gesio Floro y, quizá por ello, la decisión del mantenedor de éste, el hijo del Sumo Sacerdote llamado Eleazar ben Hanania, de no realizar ningún sacrificio más en él en honor al emperador.
Jerusalén en el siglo I
 Ante la inminencia del estallido de la revuelta, el timorato Herodes Antipas II y su esposa Berenice huyeron de Judea, buscando refugio en Siria, bien pertrechada con los efectivos que Gayo Cestio Galo, legado del emperador en dicha provincia, estaba reuniendo en la costa dispuesto a atajar la sublevación. Tras unos tempranos éxitos militares de Galo en el valle de Jezreel, se vio incapacitado para tomar Jerusalén con solo la XII Fulminata. Mientras se retiraba para afianzar posiciones, fue sorprendido por Eleazar ben Simón en Beth-Horon. La matanza fue importante, pues prácticamente Galo perdió todos sus efectivos, unos 6.000 hombres más su impedimenta, teniendo que huir ignominiosamente entre cerros y barrancos hasta llegar a Antioquía. Los dioses le privaron de rendir cuentas a Nerón por aquel desastre, pues murió en Siria muy poco después, siendo sustituido en el cargo por Gayo Licinio Muciano.

 Cuando las noticias de aquel descalabro llegaron a Roma, Nerón optó por encargarle el asunto a uno de sus más eficientes legados, Tito Flavio Vespasiano, el futuro emperador, quien aglutinó bajo su mando a los restos de la XII Fulminata más la V Macedonica, X Fretensis y la XV Apolinaris. Entre regulares y auxiliares, Vespasiano movilizó un montante de cerca de 60.000 hombres. Entrando en la provincia por el norte, pronto eliminó toda resistencia con semejante rodillo humano. Su avance arrollador forzó que dos hombres reñidos por asuntos internos judíos, Yohanan ben Levi, más conocido como Juan de Giscala, líder de los zelotes, y Simón bar Giora, líder de los sicarios, se replegaran hacia Jerusalén, confiando en resistir en su ciudad santa hasta el aliento final. Ambos eran unos auténticos fanáticos. Juan de Giscala encabezaba a los zelotes, enemigos acérrimos de todo lo extranjero y, por tanto, enemigos públicos del pretorio romano. Por su parte, Simón bar Giora lideraba a los sicarios junto a otros asesinos conjurados como Eleazar ben Jair, el posterior héroe de Masada, dispuestos a matar a todo judío que no se adhiriese voluntariamente a sur revuelta. Incluso el propio Talmud recoge como bloquearon los suministros de la ciudad para forzar a la población a sumarse a su revolución en vez de negociar la paz con los romanos.

 Lo que no podían imaginarse Simón bar Giora y los suyos era que el estallido de una guerra civil en Roma paralizaría la campaña de Vespasiano. Tras la muerte violenta de Nerón, se sucedieron disturbios importantes en la ciudad, llegando a ocupar brevemente la púrpura hombres oscuros y de pocos escrúpulos como Otón y Vitelio hasta que, en el 69, fue Vespasiano quien prevaleció entre todo aquel embrollo de intrigas e intereses. Por dicha causa, el nuevo emperador dejó a su hijo Tito en Judea a cargo de sofocar la revuelta. Una ardua tarea para un joven de veintinueve años…
Esquema del sitio de Jerusalén

 Ante la imposibilidad de tomar al asalto una ciudad tan grande y bien defendida, Tito optó por cercarla, colocando sus cuatro legiones alrededor de ella e impidiendo a los centenares de peregrinos circunstanciales que se encontraban allí durante la Pascua poder salir de la ciudad. Pensó que así habría más bocas intramuros que forzasen una rendición pactada. No salió así. El dios vengativo de los judíos no entendía de misericordia. Miles de personas murieron en Jerusalén víctima del hambre y las enfermedades, mientras Simón Bar Giora y los suyos mantenían a raya tanto a los romanos como a sus paisanos que asistían petrificados a cada represalia de los zelotes, llegando a echar desde los muros a toda persona que se mostrase propensa de llegar a un acuerdo con los romanos. El terror se apoderó de la ciudad. Mataban tanto los fanáticos como la inanición, como le sucedió al codicioso sumo sacerdote Ananías, proclive a pactar un armisticio en el que no peligrase su fortuna. Sacándole de su escondrijo, fue ajusticiado por los zelotes sin el mayor miramiento. Tito seguía esperando; la guarnición de Jerusalén rondaba las 25.000 personas, una parte bajo la autoridad del zelote Eleazar ben Simón ocupando la Torre Antonia, otra parte bajo el sicario Simón bar Giora y una tercera parte de corte idumeo bajo el control directo de Juan de Giscala. Todo intento de asalto pasaría siempre por tomar primero la Torre Antonia: era una fortaleza imponente, levantada por Herodes el Grande en honor de su benefactor, Marco Antonio, de ahí su nombre.  Mientras los judíos se descomponían en sus cuitas internas, Tito sacaba a sus cuatro legiones a formar ante los muros, atemorizando con su poderío a los centinelas.
Flavio Josefo
 Tratando de buscar una solución incruenta a la situación, el joven legado recurrió a los servicios de Yosef bar Mattityahu, quien adoptó posteriormente el nombre de Flavio Josefo en honor al nomen de sus protectores. Era éste un judío pro-romano, muy odiado por los elementos más radicales de la revuelta por su colaboración con Vespasiano tras la toma de Galilea, donde salvó su vida al predecirle que sería emperador. El caso es que Josefo entró como parlamentario en Jerusalén y les dijo a Simón bar Giora y Eleazar bar Simón:

«Que se salven ellos y el pueblo, que salven a su patria y al templo» (Guerra de los judíos V, 362); «Dios, que hace pasar el imperio de una nación a otra, está ahora con Italia» (Guerra V, 367); «Nuestro pueblo no ha recibido nunca el don de las armas, y para él hacer la guerra acarreará forzosamente ser vencido en ella» (Guerra V, 399); «¿Creéis que Dios permanece aún entre los suyos convertidos en perversos?»


El incendio del Templo de Salomón
 Un exaltado le disparó un flechazo como respuesta a su ofrecimiento de rendición, y tuvo que ser atendido de la herida de vuelta al campamento romano. Viendo lo inútil de tratar de llegar a un acuerdo con los judíos, y más después de un contrataque que por poco no le costó la vida a él mismo, Tito pasó a la acción. En el verano del 70 desplegó un asedio proactivo de tal magnitud que llegó a derrumbar la Torre Antonia mediante zapas. Simón bar Giora y sus acólitos defendieron como lobos calle a calle, palmo a palmo, en una lucha lenta y cruenta. Primero cayó la ciudadela y, poco después, el Templo fue engullido por las llamas a causa de un tizón que un legionario echó allí por casualidad. El incendio del Templo de Salomón supuso el punto sin retorno del asalto. Era un tórrido día de finales de Agosto, fecha todavía recordada amargamente por todos los judíos. Las llamas se propagaron a otras barriadas de la ciudad y las legiones tuvieron paso expedito para eliminar los focos de resistencia encabezados por Eleazar ben Simón, quien murió matando, y controlar toda la ciudad. Se considera el 7 de Septiembre como fecha en la que Jerusalén quedó completamente pacificada.

Detalle del Arco de Tito

 El Senado quiso otorgarle al joven Tito una corona por su victoria, pero éste la rechazó diciendo: "no hay mérito en derrotar un pueblo abandonado por su propio Dios". El resultado de la revuelta fue devastador. Según citó Josefo, cerca de 1.100.000 judíos murieron en los cuatro años de guerra, además de los  97.000 que acabaron como esclavos. Todos los elementos sagrados del judaísmo, como la Mesa de Salomón o el Candelabro de los Siete Brazos acabaron en el desfile triunfal del futuro emperador, comenzando una ruta legendaria cuya pista se perdió tras la conquista árabe de Hispania. No solo se exhibieron tesoros, Juan de Giscala y Simón bar Giora también desfilaron en el Triunfo; el primero murió en las mazmorras, mientras que su compañero de revuelta tuvo un final más rápido y sencillo. Al final del pasacalle, lo despeñaron desde la Roca Tarpeya, el lugar ancestral desde el que se ajusticiaba a los peores enemigos de Roma.


lunes, 18 de junio de 2012

DEVOTIO en la Ermita de Sant Llorenç de Cullera


DEVOTIO en el PORTVS SVCRONENSIS...



 El pasado viernes 15 de Junio a las 20:00h comenzó un bonito evento ubicado en uno de los parajes que menciono en mi novela. Según reza la tradición, en el mismo lugar en el que hoy se encuentra la Ermita de Sant Llorenç es donde fue sepulado por primera vez el cuerpo incorrupto de Eutiquio de Osca, conocido para la posteridad por Sant Vicent Màrtir.

De izq. a dcha., Kike Gandía, un servidor, Manuel López y Salvador Raga

 Desde aquí quisiera agradecer al Consistorio de Cullera su implicación y ayuda, con especial mención de Kike Gandía, responsable del Museo Municipal de Historia y Arqueología de Cullera, y Salvador Raga, presidente de la Asociación Via Vicentius Valentiae, promotora del Camino de San Vicente Mártir.

 Un paraje de leyenda, buena asistencia, amig@s y horchata, una perfecta combinación para una plácida tarde de viernes. ¡Gracias a tod@s!


viernes, 15 de junio de 2012

Archienemigos de Roma: RETÓGENES, el numantino


Archienemigos de Roma:

RETÓGENES, el numantino

Vigésimo octava entrada de esta serie en www.historiasdelahistoria.com


Nuestro archienemigo de hoy no fue un gran caudillo militar, o un héroe admirado y loado, fue un joven guerrero, un elemento más dentro de la feroz resistencia que una sola ciudad opuso a la máquina militar mejor engrasada del mundo antiguo: Numancia. Sirva este artículo como homenaje no solo al joven Retógenes, sino a los dos mil quinientos numantinos que, todos a una como la posterior Fuenteovejuna, no dieron su brazo a torcer ante el invasor romano.
 Entremos en contexto. Numancia. Solo mentar aquella pequeña y terca ciudad de Hispania en el foro de Roma provocaba sarpullido. Los hijos de los grandes hombres, en vez de alistarse para ganar fama y prestigio en su cursus honorum, trataban de eludir sus compromisos militares con tal de no acabar enrolados en el siguiente ejército que partiría hacia la indómita frontera hispana. Durante casi veinte años, las tribus celtíberas y arévacas se mantuvieron en clara hostilidad frente a Roma, desafiándola y ocasionándoles a los cónsules encargados del asunto derrotas y humillaciones como la de G. Hostilio Mancino que, como castigo por haber pactado con el enemigo, acabó desnudo ante los muros de Numancia. Aquel cúmulo de desastres perduró hasta que el Senado se hartó de aquella situación estancada y decidió encargarle al más prestigioso militar del momento, el flamante conquistador de Cartago, que atajase el problema hispano definitivamente.
  En el 134 a.C., Publio Cornelio Escipión Emiliano, nieto adoptivo del Escipión el Africano que tan bien nos ha recreado últimamente Santiago Posteguillo, tomó las riendas del asunto. Una vez ratificado en su cargo, y modificado el calendario para poder acometer el proyecto dentro del año que duraba el mismo, equipó 4.000 voluntarios con su propia pecunia, formando su “cohorte de amigos” con los más afines de ellos. El Senado le negó fondos para tan arriesgado proyecto, pero Escipión, con desprecio según nos dejó Plutarco, les dijo que “le bastaba el suyo y el de sus amigos”. Cuando llegó a Numancia no entró de inmediato en combate con los obstinados numantinos. Tenía mucho trabajo por delante que hacer con sus propios hombres, cuya disciplina brillaba por su ausencia tras años y años de falta de liderazgo. Empezando por expulsar del campamento a las concubinas, rameras, adivinos, buhoneros y demás parásitos del ejército que convivían con los legionarios, les aplicó marchas y maniobras con severidad, devolviéndoles a las legiones su condición de ejército. Uno de los tribunos destinados en Hispania mostró tanta entrega en recuperar la moral de las tropas que Escipión le condecoró. Se llamaba Gayo Mario. Estando en aquellas cuitas, llegó su aliado númida, el rey Yugurta, con 15.000 hombres y 20 elefantes. Aun así, sabía que no era suficiente.

Guerrero numantinos
 Siempre he sostenido que el arma letal del ejército romano no fue el pilo, sino la pala, así como que sus mejores generales fueron verdaderos artistas en el diseño de fortificaciones y asedios, como demostró Escipión en Numancia y replicaría un siglo después César en Alesia. Escipión, contando ya con cerca de 60.000 hombres frente a los 2.500 insurgentes, decidió no probar fortuna en un asalto de incierto resultado y cercar férreamente Numancia y reducirla por hambre y sed. Para ello se valió de una alta empalizada, fosos, un dique en el Duero y siete campamentos fortificados alrededor del collado en el que se levantaba la ciudad, muchos de ellos descubiertos por el hispanista alemán Adolf Schulten durante sus campañas arqueológicas realizadas entre 1905 y 1914.

 Durante el largo sitio de Numancia es cuando el joven arévaco aparece en la Historia. Según nos dejó Apiano, el hambre ya apretaba y, quizá por orden del Consejo, un pequeño grupo de cinco guerreros capitaneado por el tal Retógenes burló el cerco romano valiéndose de unas ingeniosas escalas y buscó entre las ciudades vecinas apoyos para poder mantener las espadas en alto. Apiano habla de que huyeron a caballo, pero dudo que cinco jinetes hubiesen saltado la empalizada romana, y menos que no se los hubiesen comido tras muchos meses de cerco a base de una jugosa dieta de pan de bellotas y cuero hervido.


 Los Consejos de Termes (Montejo de Tiermes) y Uxama (Burgo de Osma) le dieron calabazas y solo la juventud guerrera de Lutia (quizá Luzaga) les acogió como héroes y les prometió ayuda. Uno de los errores más comunes heredados de la educación de otros tiempos, y que sobrevive en algunos esperpentos televisivos ambientados en los nuestros, es pensar en una Iberia unida frente al invasor romano. Esa imagen idealizada del indígena confederado ante la potencia extranjera es completamente falsa. Ninguna ciudad apoyaba a la vecina per se, pues cada etnia o ciudad de la vieja Iberia velaba por sus propios intereses, con o contra Roma. Sirva este macabro ejemplo como prueba de ello: el propio Consejo de los Ancianos de Lutia, temeroso de las represalias del inflexible Escipión en cuanto se supiese la insurrección de los jóvenes, decidió anticiparse a los hechos y avisar a los romanos de las intenciones de sus impetuosos guerreros. La reacción de Escipión fue implacable. Las tropas romanas entraron en Lutia por sorpresa, antes de que la leva se movilizase, capturando a los jóvenes numantinos y sus nuevos aliados lutiakos. El castigo fue tan explícito como ignominioso: 400 jóvenes guerreros perdieron aquel día su mano derecha, inhabilitándolos para levantar su espada contra Roma… y poder morir en un combate honroso. No se sabe si Retógenes fue uno de aquellos 400 mutilados, pero es muy probable de que así fuese. Nada más se supo de él.
El fin de Numancia

 Numancia cayó el 133 a.C. Tras la infructuosa y postrera embajada del consejero Avaros, en la que Escipión no aceptó ningún trato de favor en caso de pactar la rendición, sus indómitos habitantes prefirieron el efecto del tejo, el fuego o el hierro antes de acabar comiéndose unos a otros o cargados de cadenas arrodillados frente a aquel arrogante legado romano. Solo unos pocos desfilaron en el triunfo de Escipión Emiliano por las calles de Roma, desde entonces también llamado Numantino, y el resto fueron vendidos como esclavos. Tras la caída de Numancia, toda la Celtiberia se mantuvo en paz hasta que, setenta años después, un caballero tuerto e idealista incendiase Hispania en su rebelión contra la tiranía de Sila: hablamos de mi querido Quinto Sertorio.
Para ver el artículo original:


viernes, 8 de junio de 2012

Vistas de la Hispania de Sertorio: ALONIS


ALONIS, la misteriosa cuarta ciudad romana de la Contestania


Fundada por colonos massaliotas sobre el siglo V a.C., ALONIS (Ἀλονίς en griego), las primeras menciones a la ciudad datan del siglo I a. C. El geógrafo Artemidoro de Éfeso la describió como «isla y ciudad de Massalia», lo que retrotrae la existencia del establecimiento al siglo V a. C. Estrabón, por su parte, no la cita directamente en su Geografía, pero sí habla de «tres fundaciones massaliotas [de las cuales] [...] la más conocida es Hemeroskopeion» (Geografía, III, 4, 6), por lo que se acepta sin dudas que Alonis y Akra Leuké serían las otras dos. Hemeroskopeion estuvo situada en Dénia, o muy cerca, mientras que Akra Leuké ("el acantilado blanco") podría ser la Leucante ibera.


 Varias localidades se rifaron ser Alonis durante un tiempo. Siguiendo las descripciones de los geógrafos antiguos, Santa Pola, Benidorm o La Vila Joiosa eran las candidatas. Al mentar Claudio Ptolomeo el puerto ilicitano como un emplazamiento diferente, la controversia quedó reducida a dos posibilidades. La aparición de restos asociables al foro romano en el subsuelo de la Iglesia de la Asunción de La Vila reduce a una opción la ubicación de la antigua Allon / Alonis


Ya en época romana, se sabe de la existencia de cuatro municipios con administración propia, de los que dependían otras aldeas, postas y poblaciones menores. Estos eran Dianium, Ilici, Lucentum/Leucante y Allon/Alonis. La ubicación de esta última, lejos de la Via Heráclea / Augusta, le confirió una autonomía importante, y más tras la concesión del grado de municipio en el año 74 de nuestra era, siendo Vespasiano emperador en Roma.

 La ciudad romana correspondería aproximadamente a La Vila amurrallada en el siglo XVI, con el curso del río Amadorio como límite Sur, la muralla como Norte y Oeste y el puerto como Este. El único elemento romano visible que nos queda de aquella época es este monumento funerario sito a 3 Km. de la ciudad en dirección a Benidorm, a pocos metros de la playa del Racó del Conill.

la Torre de Sant Josep
 En diferentes campañas arqueológicas se han ido encontrando muchas cosas en el casco antiguo de La Vila, piezas interesantes que no pueden verse en su lugar de origen a causa de las obras de remodelación del Museo Arqueológico de La Vila. Espero que para esto sí que haya fondos. Una carrera menos y ya estária en marcha. Pegas de vivir en la tierra del PANES ET CIRCENSES.



Así fue la Mesa Redonda sobre Novela Histórica en Bibliocafé



 A las 19:30 ya estábamos preparados. A nuestro lado de la mesa, Miguel Ángel Badal, Sebastián Roa y un servidor, dos artistas del medievo junto a un ilusionista de la antigua Roma. Sobre la mesa sus últimas obras, "El Señor de Loredemanos" y "Venganza de Sangre" respectivamente. Mi "Devotio" era tan virtual como el mercado digital en el que estoy embarcado. Estaba presente e intangible a la vez.

 Entre el público grandes amigos y camaradas de pluma y tintero, como Isabel Barceló, Rafa Lillo, Marta Querol, Txema Gil, Raúl Borrás, Santiago Álvarez, Jordi Llobregat, José Sanz, Alejandro Mohorte y un largo etcétera, y que me perdonen los que mi memoria de pez no retiene.

Amigos, libros y armas de época, buena compañía
 Fue una velada magnífica. La hora y media prevista pasó volando. La Mesa abrió con la oportuna pregunta retórica de Miguel Ángel... ¿La novela histórica enseña a la par que distrae? Con ella comenzó el debate, que no fue en un único sentido.

 Mi más sincero agradecimiento a Bibliocafé por concederme esta oportunidad y, cómo no, a tod@s los asistentes por su complicidad. Lo pasamos francamente bien. Os recomiendo que, quienes todavía no conozcáis sus obras, os acerquéis a ellos. Escriben muy bien, transmiten pasión y crean ficición histórica de calidad.







jueves, 31 de mayo de 2012

Una mesa redonda sobre Novela Histórica con dos buenos elementos...


Será un bonito encuentro con Miguel Ángel Badal y Sebastián Roa, perfectos creadores de historias ambientadas en la Edad Media, con todas las complicaciones que ello conlleva. Estoy seguro que daremos que hablar...





domingo, 20 de mayo de 2012

GOLFVS HISPANICVS, la nueva tragicomedia musical de Moncho Borrajo



"Después de algunas luchas e infortunios que los dioses han puesto en mi camino, retomo los pasos de Dionisio, dios del teatro, para intentar sacaros de las tristezas cotidianas. Esta es una tragicomedia musical en un acto que espero que os agrade y pueda representar largo tiempo por los teatros de Hispania.
Solo acompañado de mi esclavo y de ingenio que los dioses hayan querido darme en estos momentos, intentaré pasearos por los caminos de los sentimientos humanos.

Gracias por venir a vernos, espero no defraudaros"

Moncho Borrajo


En la puerta del Olympia...
 No necesitó Moncho Borrajo la injerencia de los dioses para no defraudarnos, pues su arte y oficio fue más que suficiente para que las más de dos horas que duró la función no dejara de reirme.

 Con un sonoro ¡Ciudadanos de Valentia! comenzó su obra, decalamando trágicamente ante un cuerpo inerte y ensangrentado cual Antonio en el "Julio César" de Shakespeare. Monchus Gayus Borrajus, siempre atendido por su fiel esclavo Antonino (Antonio Campos), nos hizo brotar las primeras risas con su original epístola de la víctima de nuestro actual sistema económico, que no revelaré porque merece la pena escucharle...
 
 
A partir de ese momento, el humor ácido e irreverente de Moncho Borrajo hizo brotar las carcajadas del respetable, repasando con paralelismos muy acertados como el latrocinio público, la envidia y la simpleza mental han sido patrimonio de estas tierras hispanas desde tiempos ancestrales. Por algo somos la patria de acogida del "panes et circenses", donde las carreras y la televisión basura
priman más que la literatura y el patrimonio... ¿Os suena?
 
 
 GOLFUS HISPANICUS estará en cartel en el Teatro Olympia de Valencia hasta el domingo 27 de Mayo. No os la perdáis.




martes, 8 de mayo de 2012

Archienemigos de Roma: CNIVA, el "emperadoricida"



CNIVA, el "emperadoricida",



Vigésimo séptima entrega de “Archienemigos de Roma

Mi última colaboración en www.historiasdelahistoria.com


 Nuestro archienemigo de hoy es otro bravo bárbaro del norte olvidado intencionadamente por la propaganda imperial de su época, pues suyo fue el terrible honor de haber sido el primero en derrotar y dar muerte a un emperador romano en el campo de batalla. Poco más nos ha llegado sobre el resto de su vida y obra, pero sí mucho del turbio contexto histórico que abocó en su rotunda victoria.


Prácticamente nada se sabe del origen de Cniva; su nombre le evidencia su origen godo (Kniwa, significa en esa lengua cuchillo, de ahí podría proceder el anglosajón knife), y su aparición en la Historia viene derivada de la primera vez que su pueblo cruzó el limes danubiano dispuesto a saquear la provincia romana de Moesia. Procedentes del Báltico, probablemente del sur de Suecia, este pueblo germánico llegó a ocupar buena parte de la Dacia romana antes de atreverse con aquel objetivo tan suculento. Las fuentes históricas de origen griego nos hablan de que Cniva acaudillaba una coalición “escita”, afirmación entendible en su contexto pues este rey godo estaba a la cabeza de una soberbia migración multiétnica en la que, a buen seguro, también había vándalos asdingos, sármatas, bastarnas e incluso algunos desertores romanos, quienes serían sus guías en tierras desconocidas. El término escita no es estrictamente correcto para definir a todos estos bárbaros del noreste; se debe a que, para muchos historiadores del momento, todos aquellos pueblos más allá de los Cárpatos eran considerados como escitas, aludiendo a los legendarios jinetes arqueros de las estepas euroasiáticas.

Decio
 De quien sí que sabemos mucho más es del que fue su adversario. Gayo Mesio Quinto Decio, nacido en Budalia, Iliria (Martinci, Serbia) en el 201, llegó a la más alta dignidad imperial en el 249 de nuestra era. Gran admirador del primer emperador hispano desde sus años como gobernador de la Tarraconense, adoptó el nombre de Decio Trajano en cuanto fue investido como emperador por el Senado. Claramente dispuesto a recuperar la maltrecha situación del Imperio, se dispuso a reformar el estado para sacarlo de la profunda crisis en la que estaba sumido. Persiguió a los cristianos con encono, siendo considerado por la Iglesia como “un feroz tirano”. De mentalidad parecida a Trajano, y a los posteriores Aureliano y Juliano, estaba convencido de que el cristianismo era un cáncer para el Imperio y de la absoluta necesidad de volver al culto de los dioses patrios. Pero, por desgracia, Roma no sólo tenía problemas internos. Su antecesor en el trono, el débil Marco Julio Filipo, Filipo el Árabe, había resuelto el problema godo pagando ingentes tributos a cambio de paz. Cniva y los suyos entendieron que dicho tratado expiró con su valedor, pues éste murió en Verona en el 249 en combate frente al nuevo césar proclamado por las legiones, Decio, así que en la primavera del 250 los godos cruzaron el Danubio en Novae (Svishtov, Bulgaria), tomándola al asalto y asolando después media Moesia a su paso. Esta situación tan complicada obligó al nuevo regente del Imperio a dejar aparcado su programa reformista, ponerse al frente de las legiones y marchar hacia el Danubio dispuesto a atajar el problema godo.
Nicopolis Ad Istrum
Los bárbaros tenían Nicopolis ad Istrum (Nikyup, Bulgaria) cercada cuando las enseñas imperiales aparecieron en lontananza, sorprendiendo a los sitiadores. Cniva, no dispuesto a presentarle batalla al emperador en aquel terreno desfavorable, levantó el sitio de forma atropellada y se replegó hacia Philipolis (Plovdiv, Bulgaria) rodeando el monte Haemus. La treta de Cniva fue digna de un gran estratega, pues fue Decio el sorprendido unos días después en Augusta Traiana (también conocida por Beroë, es la actual Stara Zagora, Bulgaria) cuando los godos asaltaron su campamento, lo saquearon y dispersaron a las legiones. Era la primera vez que un emperador romano huía de un caudillo bárbaro, un peligroso precedente que empeoraría durante aquella misma campaña.

 El desconcierto en las filas romanas fue utilizado simultáneamente tanto por el enemigo bárbaro como por el adversario político de Decio. Al inicio del verano del 251, Cniva ordenó tomar al asalto Philipolis con suma crueldad. Miles de ciudadanos fueron violentados y esclavizados o asesinados durante el severo pillaje. Mientras tanto, el hermano de Filipo el Árabe, Gayo Julio Prisco, se hizo proclamar emperador en la vecina Tracia. El problema de aquel inoportuno usurpador se resolvió solo, pues Prisco fue asesinado poco después, pero el feo asunto godo no parecía tener tan fácil solución.


 Decio, horrorizado y encorajinado por los testimonios de los pocos supervivientes que pudieron escapar del horror de Philipolis, reagrupó sus tropas frente aquella ciudad, tratando de envolver a Cniva. El caudillo godo, sabedor de la dificultad de mantener un asedio con hombres cansados dentro de una población masacrada y sin víveres, optó por retirarse con el ingente botín de guerra y los nobles cautivos hacia un lugar que le permitiese tener camino expedito al Danubio, dividiendo su ejército en pequeños grupos difíciles de apresar por su gran movilidad. Decio les siguió, metiéndose él mismo si ser consciente de ello en una trampa letal. El lugar en el que Cniva decidió que había llegado el momento de reunirse y combatir fue un paraje cenagoso en la Ludogorie (“la región de los bosques salvajes”, en la mesera de Dobruja, actual Bulgaria nororiental), cerca de la pequeña población de Abrittus, también conocida como Forum Terebronii (a un kilómetro de la actual Razgrad) El rey godo conocía muy bien el terreno, aventajando en ello a su adversario. Este lugar insignificante próximo a un espeso pantano de Moesia estaba a punto de pasar a la Historia.

Lugar donde ocurrió la batalla de Abrittus (Razgrad, Bulgaria)
 Hay disparidad de fechas según las fuentes consultadas, desde la segunda semana de Junio a mediados de Agosto, aunque la más referida es el primero de Julio del 251. Fuese cuando fuese, los hombres de Cniva, muy probablemente hambrientos y desesperados, se enfrentaron con las legiones comandadas por el emperador Decio en aquella inmensa ciénaga de Abrittus. Cniva dividió su ejército en tres partes, ocultando la más numerosa de ellas en el pantano. Según Jordanes, al inicio de la batalla, Herenio Etrusco, el hijo del emperador, fue alcanzado por una flecha, con tan mala fortuna que le causó la muerte. Como gesto de entereza para alentar a sus hombres, se dijo que su propio padre exclamó:

Que nadie llore; la muerte de un soldado no es gran pérdida para la República.
 Quizá alentados por el coraje del emperador, quizá obcecados en una lucha atípica para la férrea disciplina militar romana, o quizá atraídos por la artimaña de Cniva de aparentar debilidad cuando el grueso de su ejército permanecía esperando agazapado en aquel lodazal, el ejército imperial se fue empantanando más y más en aquella charca de Abrittus, engañado por su temprano éxito, y acabó combatiendo entre el barro hasta que la treta del godo invirtió el equilibrio. El ejército romano fue totalmente aniquilado. El emperador Decio murió junto a sus hombres en aquella desastrosa batalla. Con estas palabras lo reflejó el historiador Sexto Aurelio Víctor:

… Decio, mientras perseguía a los bárbaros al otro lado del Danubio, murió por traición en Abrito después de reinar dos años… Muchos cuentan que su hijo cayó en batalla mientras dirigía un ataque demasiado audazmente; el padre, en cambio, había afirmado enérgicamente que la pérdida de un soldado parecía demasiado insignificante para preocuparse. Y así siguió con la guerra, y murió de manera parecida mientras peleaba enérgicamente…
 Y así lo describió años después Lucio Celio Lactancio, historiador cristiano y, por lo tanto, enemigo de la memoria y valentía del emperador pagano:

…fue repentinamente rodeado por los bárbaros, y le mataron, junto con gran parte de su ejército; no pudo ser honrado con los ritos de la sepultura, sino que, despojado y desnudo, yació para ser devorado por las fieras salvajes y las aves, un final adecuado para el enemigo de Dios…
 La presunta traición que mentaron Aurelio Víctor o Zósimo en sus crónicas de este infame episodio de la Historia de Roma se basó en rumores malintencionados que atribuían la muerte de Decio a una conspiración secreta entre su legado Gayo Vivio Treboniano Galo y los godos, felonía que nunca se pudo demostrar. Su inmediata adopción de Gayo Valente Hostiliano, el segundo hijo de Decio, de apenas un año de vida y heredero tácito de la púrpura imperial, pone en contradicción semejantes y aviesos planes, así como que los mismos legionarios supervivientes encumbrasen como nuevo emperador al autor de tamaña catástrofe si era sospechoso de haber causado tantas muertes entre los suyos. De todos modos, la peste bubónica que asoló Roma un año después se llevó al chico, y con él las sospechas de una posible usurpación.

 Como artífice de la masacre de Abrittus, Cniva entró en la Historia como el primer rey godo en enfrentarse a las legiones dentro del limes, vencerlas y ser verdugo de un emperador de Roma. Decio fue el primer emperador en morir al frente de sus tropas durante una batalla, algo tan deplorable para un Imperio que comenzaba a agotarse moral y económicamente que, quizá a causa de esta ignominia, o a raíz de otras calamidades que sobrevinieron después, sobre los Decii cayó una damnatio memoriae. Treboniano Galo no tuvo más remedio que pactar con Cniva un enorme tributo compensatorio antes de tener que cederles territorio romano. Nada más se supo de él. A su muerte siete años después de la batalla de Abrittus, su pueblo se dividió en dos grandes grupos, los godos del Este (Ostrogodos) y los del Oeste (Visigodos)
 El intrépido rey Cniva había abierto un camino sin retorno para otros caudillos bárbaros venideros: Roma no era invencible, sus emperadores también podían morir en combate y las provincias del Imperio quizá pudiesen ser sus nuevas tierras…



lunes, 7 de mayo de 2012

Los personajes de DEVOTIO: Catón de Utica y el rey Juba


Aquí tenemos dos de "Los Enemigos de César" que protagonizan Devotio

 
 El Rey Juba I de Numidia, aliado forzoso de Pompeyo el Grande y personaje controvertido... Su participación en la guerra civil no estuvo exenta de polémica, más motivada por su odio a César que por una connivencia de pensamiento político con sus enemigos.

Desde su flamante capital, Cirta (Constantina, Argelia), actuó como un rey helenístico en un estado abocado a caer bajo la órbita de Roma. Fue el último rey independiente como tal de Numidia...



 Marco Porcio Catón, conocido también como Catón el Joven o de Utica, pues en dicha ciudad fue en la que se suicidó; fue el adalid de la moral y virtud romanas y referente ético de los "hombres buenos". Durante la guerra civil se convirtió en el lider espiritual de la facción más conservadora... manteniendo esa influencia incluso después de muerto. Hasta el propio César tuvo que escribir su "Anticatón" para desmitificar su figura.

 Incorruptible, honesto, honrado y republicano hasta la médula, es uno de los mitos de la antigua Roma.







jueves, 3 de mayo de 2012

Los personajes de DEVOTIO: Pompeyo contra César


En esta recreación nos podemos hacer la idea de como serían en realidad los rostros de Gneo Pompeyo Magno y Gayo Julio César, los dos hombres más poderosos de la República en el año 49 a.C., el año en el que comienzan las crónicas de Lucio Antonio Naso...















martes, 24 de abril de 2012

Cine de Romanos: CLEOPATRA


Una nueva entrega de CINE DE ROMANOS
en ARQVEHISTORIA:


CLEOPATRA (1963)


Cartel promocional

 Esta superproducción británico-suiza-estadounidense atesora varios records del mundo del celuloide, una joya como película péplum que casi acaba con la caja de la 20th Century Fox y la vida de Elizabeth Taylor. Más que narrar el archiconocido argumento de los sendos romances de la reina egipcia con los dos hombres más poderosos de su tiempo, nos fijaremos en los detalles curiosos que rodearon la gestación de esta obra, así como las disparidades históricas más relevantes que contiene. Para saber de sus andanzas reales, os invito a leer la revisión que hice del personaje en HdH:

 En 1960, la 20th Century Fox estaba pasando por un bache empresarial. Necesitaban una película con la que hacer caja rápida, y qué mejor para ello que meterse en una revisión de bajo coste de alguna película atractiva y exitosa, pero al estilo superproducción épica tan al gusto de la época. La elegida para el re-make fue la Cleopatra de Cecil B. Demile de 1934. En principio se presupuestaron dos millones de dólares para acometer el proyecto, encargándoselo al director Rouben Mamoulian, quien optó por fichar a la actriz afroamericana Dorothy Dandridge como Cleopatra, a Peter Finch como César y Stephen Boyd como Marco Antonio (un auténtico especialista en el género de capa y espada en sus tiempos, comparable al actual Orlando Bloom) A los pocos meses de comenzar el proyecto, la Fox se deshizo de Mamoulian y el reparto abandonó el rodaje para acometer otros compromisos más lucrativos. Ante aquel temprano fiasco, la productora contrató al director de origen judío-alemán Joshep L. Mankiewicz, y no reparó en gastos para traerse a la rutilante estrella del momento, Elizabeth Taylor, quien firmó un contrato de un millón de dólares por la película, con una penalización de 50.000 dólares semanales por demora. La acompañarían en los papeles principales Rex Harrison (C. Julio César), Richard Burton (Marco Antonio) y Roddy McDowall (Octavio)

Trailer original de la película

 La película empezó a filmarse en Londres, y esta decisión supuso un problema desde el principio. Los decorados, las plantas, y la salud de la Taylor, se vieron muy damnificadas durante el rodaje por el frío y húmedo clima inglés, llegando ésta a tener que ser atendida de urgencia durante un rodaje y teniéndosele que aplicar una traqueotomía para salvarle la vida. En el “Cómo se hizo…” hay planos en los que se ve a Cleopatra en tirantes echando vaho al hablar… algo que no resulta muy egipcio. Seis meses después, viendo que ni el frío remitía, ni Elizabeth Taylor mejoraba, el rodaje se trasladó a Roma y España, con el sobrecoste que ello conllevó (la batalla de Farsalia está rodada en Almería) Como contrapunto a las penalidades que padeció la actriz durante el rodaje, fue por entonces cuando conoció a Richard Burton. El romance del celuloide pronto se trasladó a la vida real, propiciando un escándalo que, al principio, no fue bien visto por la productora.

Al final, y después de tantos inconvenientes y prorrogas, el rodaje duró 14 meses, frente a los escasos dos meses presupuestados, y Mankiewicz le presentó a la Fox una película de seis horas. Aquellos rechazaron inmediatamente su propuesta, proponiéndole cortar dos horas de película. El director, celoso defensor de su trabajo, hizo una contraoferta: partir la película en dos: César y Cleopatra y Antonio y Cleopatra. De nuevo, la Fox dijo que no, esta vez pensando en que alargar la entrada en escena de Richard Burton, siendo titulares su relación amorosa con Elizabeth Taylor, no les convenía para obtener el retorno de la inversión que necesitaban. No era broma, la excesiva demora, los problemas técnicos y de salud y el coste del proyecto en sí se habían tragado ya 44 millones de dólares (en la equivalencia de hoy, sobre 320), y urgía hacer caja, pues peligraba hasta la viabilidad económica de la Fox, asfixiada por tamaño macro-proyecto.

 Mankiewicz tuvo que claudicar y la cinta se estrenó durando 3 horas recortando escenas importantes, pero fue el mayor éxito de taquilla hasta aquel momento, recaudando 24 millones de dólares en el primer año, un montante astronómico que no cubría ni la mitad de la inversión. Fue algo así como morir de éxito…
 La película no se basa en ninguna novela, sino en un ensayo llamado “The Life and Times of Cleopatra”, por lo que los guionistas se limitaron a seguir de cerca los hechos históricos narrados por los clásicos, pero con algunas licencias. Las más sonadas son:

·        Marco Vipsanio Agripa no fue almirante de la armada con C. Julio César, era mucho más joven que el dictador, de la edad de Octavio, y su amigo personal, y sólo ostento el título de praefectum navis a partir de la guerra en Sicilia contra Sexto Pompeyo (36-39 a.C.)

·        Imperator no significa “emperador” con el concepto que hoy manejamos; muchos legados durante la República lo fueron, y no fueron emperadores. El primer emperador “oficial” fue Octavio (Augusto); otro error es concederle el título de dictador a César como algo simbólico; no lo era, César vivió su último año en Roma como un monarca disfrazado de cónsul.

·        César nunca hubiera tomado en brazos a su hijo bastardo con Cleopatra, Cesarión. Ello habría conllevado su inmediata adopción y/o reconocimiento de linaje según la lex romana.

·        Cleopatra jamás pisó el foro romano. Las leyes de la república impedían a un rey extranjero cruzar el pomerium (una línea indeterminada que delimitaba el área sagrada de la antigua Roma) César la alojó en su villa del Tiber, fuera de dichos límites. La dichosa escena costó seis meses de rodar: el director de fotografía no encontraba el día idóneo, pues la luz natural de Roma no le convencía…

·        Mobiliario, vegetación y decorados son anacrónicos, así como el extenso vestuario de la reina (Elizabeth Taylor usó más de 65 diferentes vestidos durante el rodaje)
Rex Harrison es César
  Por el lado interpretativo, Rex Harrison borda el papel de César, Richard Burton me resulta un Marco Antonio un poco light (la Historia nos describe al triunviro como un tipo libertino y vicioso, y Burton se comporta como un fraile), Roddy McDowell está bien como Octavio, quizá demasiado mayor para el papel, pero quien luce como Isis, y sin tener facciones mediterráneas como sería de esperar en una mujer griega como lo fue Cleopatra VII, es Elizabeth Taylor; está sencillamente espléndida. Gran trabajo tiene por delante Angelina Jolie para hacernos desaparecer de la cabeza la imagen de su antecesora como genuina reina de las dos tierras…
La Cleopatra que retenemos en nuestros recuerdos
Recreación del rostro de la verdadera Cleopatra VII
 La crítica fue feroz con esta superproducción, pero la caja acompaño, aunque no en el primer año. Cleopatra de la Fox obtuvo cuatro Óscar y nueve candidaturas en 1963, pero no obtuvo ninguno de los denominados importantes. En contraposición, Elizabeth Taylor se llevó una cicatriz en la garganta, un nuevo marido y 7 millones de dólares de la época… Ahora, familiares de Mainkiewicz y de aquellos directivos de la Fox están tratando de recuperar los rollos denostados para lanzar una edición especial con la película íntegra.

 Si esta película os atrapa como lo hace a mi, no dejés de releer este post escuchando su banda sonora, una pieza estupenda compuesta por Alex North. Aquí os dejo la Overtura:
En youtube tenéis la BSO íntegra de la película