Primera mención de la ciudad de VALENTIA (TITO LIVIO)

IVNIVS BRVTVS COS. IN HISPANIA IIS QVI SVB VIRIATHO MILITAVERANT AGROS ET OPPIDVM DEDIT, QVOD VOCATVM EST VALENTIA





La Saga de los Antonio de Valentia

Bienvenid@s a la antigua Hispania romana...

Querid@ amig@, te invito a un viaje muy especial, una ventana que te permitirá ver nuestro pasado y conocer las costumbres y vidas de nuestros ancestros, tan sólo dos mil cien años atrás, cuando esa bella dama llamada València nacía en la isla fluvial del curso bajo del Turivs de la mano de las palas, el sudor y la ilusión de poco más de dos mil veteranos licenciados de las legendarias legiones de Roma.

VALENTIA, DEVOTIO y PRINCEPS contienen entre sus páginas muchos de los momentos más apasionantes y dramáticos que vivió la joven Perla del Turia desde sus primeros años de vida allá por el siglo I a.C. hasta la gran persecución de principios del siglo IV d.C.


En VALENTIA conocerás a dos hombres atrevidos y extraordinarios, Quinto Sertorio y Pompeyo el Grande, ambos decididos a dirimir sus irreconciliables diferencias en tierras valencianas inmersos en la cruenta Guerra Civil que sacudió a la vieja República.

En DEVOTIO podrás leer dos historias paralelas: la primera de ellas la protagoniza un peligroso triángulo formado por Publio Daciano, el gobernador de la Tarraconense, Eutiquio de Osca, un diácono indomable, y Tito Antonio, un magistrado veterano que se ve atrapado en medio de la gran persecución de los cristianos. La segunda historia nos lleva 20 años después de VALENTIA, cuando el único hijo de Cayo Antonio, Lucio, decide lavar el honor familiar yendo a luchar contra un usurpador que pretende dominar la República: Cayo Julio César.


En PRINCEPS Lucio Naso seguirá a uno de los grandes hombres que protagonizaron el fin de la república, Sexto Pompeyo, conociendo en paralelo las carreras desaforadas hacia el poder de Marco Antonio y Gayo Octavio Turino, quien con el tiempo y astucia acabaría siendo conocido como Augusto, el princeps...

Si siempre has querido saber más sobre la Historia antigua de València, si no te has conformado con la poca y dispersa información que hay sobre ella y crees que hay muchas más cosas interesantes y curiosas que saber de nuestros orígenes esperando a ser descubiertas, acertarás leyendo las epopeyas de Cayo Antonio Naso y su hijo Lucio, ciudadanos de VALENTIA.

PLVRIMAM SALVTEM OMNIBVS!


Gabriel Castelló

El Puig (València)

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lunes, 7 de octubre de 2013

La VALENTIA romana vuelve a Bibliocafé



 
Mesa histórico-literaria en Bibliocafé





 El martes 22 de Octubre a las 19:00, dentro de los actos programados para la promoción de la nueva edición de "Valentia, las memorias de Cayo Antonio Naso", Bibliocafé ofrecerá un evento que hará las delicias de los aficionados/as a la novela histórica de romanos: en una mesa histórico-literaria nos juntaremos:

  • Alejandro Valiño, Catedrático de Derecho romano de la Universitat de València,
  • Juan José Seguí, Profesor Titular de Historia Antigua y especialista en la romanización valenciana
  • Isabel Barceló, novelista especializada en la Antigüedad clásica
  • Gabriel Castelló, novelista especializado en la Hispania romana
 En dicha mesa hablaremos de la Valencia romana, de su historia y leyenda, desde la fundación hasta el fin del Imperio, con los guiños lógicos a la revuelta de Sertorio (telón de fondo de "Valentia, las memorias de Cayo Antonio Naso") y al martirio de San Vicente (trama imperial en "Devotio, los enemigos de César"), ambas novelas en el catálogo de la editorial Good Books.

No os lo perdáis...
 
VALENTIA VINCIT!
 

 

martes, 10 de septiembre de 2013

VALENTIA vuelve a las librerías


 
 
 
9 DE OCTUBRE DE 2013







 Esta es la historia de Cayo Antonio Naso, un ciudadano romano de Valentia, elaborador de vinos, veterano licenciado de las legiones y hombre influyente en su ciudad, que se ve involucrado en la revuelta que el caballero popular Quinto Sertorio, su viejo compañero de armas y nuevo gobernador provincial, desata contra los poderes fácticos que dominan la Republica. Su hijo, del mismo nombre, nos relata desde su exilio forzoso en la Beronia todas las aventuras, horrores, pasiones y traiciones que se sucedieron en aquellos turbulentos años de la legendaria rebeldía, siendo parte y testigo de los acontecimientos más trascendentales de la Hispania romana del siglo I a. C.

  Siguiendo los relatos de Cayo Antonio Naso, el lector descubrirá el precario equilibrio de la sociedad romana e indigena de la época en un retrato costumbrista que sorprenderá y emocionará en igual medida. A través de los ojos del narrador vivirá una aventura comercial insólita, un romance inesperado, aventuras y desventuras a través del Mare Nostrum... y el espanto de la guerra civil entre facciones irreconciliables que acabó por encarar en tierras hispanas a dos de los mayores talentos militares de la República romana: Quinto Sertorio y Pompeyo el Grande.
 

 Un personaje de leyenda y un joven idealista, un rebelde de una República dominada por los poderosos y el hijo de un veterano de las legiones dispuesto a luchar hasta la muerte por la libertad.
 
 
Quisiera agradecer a Alberto y Carmen de Good Books su plena confianza en mi proyecto, además del valor y cariño que han puesto en rescatar esta obra y ponerla de nuevo a disposición del gran público en todas las liberías de España.
 
Un abrazo, amig@s
 

 



viernes, 15 de junio de 2012

Archienemigos de Roma: RETÓGENES, el numantino


Archienemigos de Roma:

RETÓGENES, el numantino

Vigésimo octava entrada de esta serie en www.historiasdelahistoria.com


Nuestro archienemigo de hoy no fue un gran caudillo militar, o un héroe admirado y loado, fue un joven guerrero, un elemento más dentro de la feroz resistencia que una sola ciudad opuso a la máquina militar mejor engrasada del mundo antiguo: Numancia. Sirva este artículo como homenaje no solo al joven Retógenes, sino a los dos mil quinientos numantinos que, todos a una como la posterior Fuenteovejuna, no dieron su brazo a torcer ante el invasor romano.
 Entremos en contexto. Numancia. Solo mentar aquella pequeña y terca ciudad de Hispania en el foro de Roma provocaba sarpullido. Los hijos de los grandes hombres, en vez de alistarse para ganar fama y prestigio en su cursus honorum, trataban de eludir sus compromisos militares con tal de no acabar enrolados en el siguiente ejército que partiría hacia la indómita frontera hispana. Durante casi veinte años, las tribus celtíberas y arévacas se mantuvieron en clara hostilidad frente a Roma, desafiándola y ocasionándoles a los cónsules encargados del asunto derrotas y humillaciones como la de G. Hostilio Mancino que, como castigo por haber pactado con el enemigo, acabó desnudo ante los muros de Numancia. Aquel cúmulo de desastres perduró hasta que el Senado se hartó de aquella situación estancada y decidió encargarle al más prestigioso militar del momento, el flamante conquistador de Cartago, que atajase el problema hispano definitivamente.
  En el 134 a.C., Publio Cornelio Escipión Emiliano, nieto adoptivo del Escipión el Africano que tan bien nos ha recreado últimamente Santiago Posteguillo, tomó las riendas del asunto. Una vez ratificado en su cargo, y modificado el calendario para poder acometer el proyecto dentro del año que duraba el mismo, equipó 4.000 voluntarios con su propia pecunia, formando su “cohorte de amigos” con los más afines de ellos. El Senado le negó fondos para tan arriesgado proyecto, pero Escipión, con desprecio según nos dejó Plutarco, les dijo que “le bastaba el suyo y el de sus amigos”. Cuando llegó a Numancia no entró de inmediato en combate con los obstinados numantinos. Tenía mucho trabajo por delante que hacer con sus propios hombres, cuya disciplina brillaba por su ausencia tras años y años de falta de liderazgo. Empezando por expulsar del campamento a las concubinas, rameras, adivinos, buhoneros y demás parásitos del ejército que convivían con los legionarios, les aplicó marchas y maniobras con severidad, devolviéndoles a las legiones su condición de ejército. Uno de los tribunos destinados en Hispania mostró tanta entrega en recuperar la moral de las tropas que Escipión le condecoró. Se llamaba Gayo Mario. Estando en aquellas cuitas, llegó su aliado númida, el rey Yugurta, con 15.000 hombres y 20 elefantes. Aun así, sabía que no era suficiente.

Guerrero numantinos
 Siempre he sostenido que el arma letal del ejército romano no fue el pilo, sino la pala, así como que sus mejores generales fueron verdaderos artistas en el diseño de fortificaciones y asedios, como demostró Escipión en Numancia y replicaría un siglo después César en Alesia. Escipión, contando ya con cerca de 60.000 hombres frente a los 2.500 insurgentes, decidió no probar fortuna en un asalto de incierto resultado y cercar férreamente Numancia y reducirla por hambre y sed. Para ello se valió de una alta empalizada, fosos, un dique en el Duero y siete campamentos fortificados alrededor del collado en el que se levantaba la ciudad, muchos de ellos descubiertos por el hispanista alemán Adolf Schulten durante sus campañas arqueológicas realizadas entre 1905 y 1914.

 Durante el largo sitio de Numancia es cuando el joven arévaco aparece en la Historia. Según nos dejó Apiano, el hambre ya apretaba y, quizá por orden del Consejo, un pequeño grupo de cinco guerreros capitaneado por el tal Retógenes burló el cerco romano valiéndose de unas ingeniosas escalas y buscó entre las ciudades vecinas apoyos para poder mantener las espadas en alto. Apiano habla de que huyeron a caballo, pero dudo que cinco jinetes hubiesen saltado la empalizada romana, y menos que no se los hubiesen comido tras muchos meses de cerco a base de una jugosa dieta de pan de bellotas y cuero hervido.


 Los Consejos de Termes (Montejo de Tiermes) y Uxama (Burgo de Osma) le dieron calabazas y solo la juventud guerrera de Lutia (quizá Luzaga) les acogió como héroes y les prometió ayuda. Uno de los errores más comunes heredados de la educación de otros tiempos, y que sobrevive en algunos esperpentos televisivos ambientados en los nuestros, es pensar en una Iberia unida frente al invasor romano. Esa imagen idealizada del indígena confederado ante la potencia extranjera es completamente falsa. Ninguna ciudad apoyaba a la vecina per se, pues cada etnia o ciudad de la vieja Iberia velaba por sus propios intereses, con o contra Roma. Sirva este macabro ejemplo como prueba de ello: el propio Consejo de los Ancianos de Lutia, temeroso de las represalias del inflexible Escipión en cuanto se supiese la insurrección de los jóvenes, decidió anticiparse a los hechos y avisar a los romanos de las intenciones de sus impetuosos guerreros. La reacción de Escipión fue implacable. Las tropas romanas entraron en Lutia por sorpresa, antes de que la leva se movilizase, capturando a los jóvenes numantinos y sus nuevos aliados lutiakos. El castigo fue tan explícito como ignominioso: 400 jóvenes guerreros perdieron aquel día su mano derecha, inhabilitándolos para levantar su espada contra Roma… y poder morir en un combate honroso. No se sabe si Retógenes fue uno de aquellos 400 mutilados, pero es muy probable de que así fuese. Nada más se supo de él.
El fin de Numancia

 Numancia cayó el 133 a.C. Tras la infructuosa y postrera embajada del consejero Avaros, en la que Escipión no aceptó ningún trato de favor en caso de pactar la rendición, sus indómitos habitantes prefirieron el efecto del tejo, el fuego o el hierro antes de acabar comiéndose unos a otros o cargados de cadenas arrodillados frente a aquel arrogante legado romano. Solo unos pocos desfilaron en el triunfo de Escipión Emiliano por las calles de Roma, desde entonces también llamado Numantino, y el resto fueron vendidos como esclavos. Tras la caída de Numancia, toda la Celtiberia se mantuvo en paz hasta que, setenta años después, un caballero tuerto e idealista incendiase Hispania en su rebelión contra la tiranía de Sila: hablamos de mi querido Quinto Sertorio.
Para ver el artículo original:


viernes, 8 de junio de 2012

Vistas de la Hispania de Sertorio: ALONIS


ALONIS, la misteriosa cuarta ciudad romana de la Contestania


Fundada por colonos massaliotas sobre el siglo V a.C., ALONIS (Ἀλονίς en griego), las primeras menciones a la ciudad datan del siglo I a. C. El geógrafo Artemidoro de Éfeso la describió como «isla y ciudad de Massalia», lo que retrotrae la existencia del establecimiento al siglo V a. C. Estrabón, por su parte, no la cita directamente en su Geografía, pero sí habla de «tres fundaciones massaliotas [de las cuales] [...] la más conocida es Hemeroskopeion» (Geografía, III, 4, 6), por lo que se acepta sin dudas que Alonis y Akra Leuké serían las otras dos. Hemeroskopeion estuvo situada en Dénia, o muy cerca, mientras que Akra Leuké ("el acantilado blanco") podría ser la Leucante ibera.


 Varias localidades se rifaron ser Alonis durante un tiempo. Siguiendo las descripciones de los geógrafos antiguos, Santa Pola, Benidorm o La Vila Joiosa eran las candidatas. Al mentar Claudio Ptolomeo el puerto ilicitano como un emplazamiento diferente, la controversia quedó reducida a dos posibilidades. La aparición de restos asociables al foro romano en el subsuelo de la Iglesia de la Asunción de La Vila reduce a una opción la ubicación de la antigua Allon / Alonis


Ya en época romana, se sabe de la existencia de cuatro municipios con administración propia, de los que dependían otras aldeas, postas y poblaciones menores. Estos eran Dianium, Ilici, Lucentum/Leucante y Allon/Alonis. La ubicación de esta última, lejos de la Via Heráclea / Augusta, le confirió una autonomía importante, y más tras la concesión del grado de municipio en el año 74 de nuestra era, siendo Vespasiano emperador en Roma.

 La ciudad romana correspondería aproximadamente a La Vila amurrallada en el siglo XVI, con el curso del río Amadorio como límite Sur, la muralla como Norte y Oeste y el puerto como Este. El único elemento romano visible que nos queda de aquella época es este monumento funerario sito a 3 Km. de la ciudad en dirección a Benidorm, a pocos metros de la playa del Racó del Conill.

la Torre de Sant Josep
 En diferentes campañas arqueológicas se han ido encontrando muchas cosas en el casco antiguo de La Vila, piezas interesantes que no pueden verse en su lugar de origen a causa de las obras de remodelación del Museo Arqueológico de La Vila. Espero que para esto sí que haya fondos. Una carrera menos y ya estária en marcha. Pegas de vivir en la tierra del PANES ET CIRCENSES.



domingo, 25 de marzo de 2012

La Huella de Roma en Hispania: TARRACO


La huella de Roma en Hispania:

TARRACO

 Uno de los monumentos más emblemáticos y espectaculares de la antigua Tarragona es el Anfiteatro:

El anfiteatro
 Este recinto lúdico fue levantado en el siglo II d.C. sobre una antigua área funeraria, siendo reformado durante el siglo siguiente. Así era la ciudad en tiempos de los Antoninos:



 Se sabe que en el año 259, siguiendo las órdenes persecutorias del emperador Valeriano, fueron quemados en sus arenas el obispo de la ciudad, Fructuoso, y sus diáconos Augurio y Elogio.



 Tras la algarada germana del 260, Tarraco quedó muy perjudicada, y con ella sus edificios públicos como el anfiteatro, entrando en decadencia. A los muchos daños que produjo el asalto franco hay que sumar el severo cambio de costumbres que propició la entrada de la Iglesia en el mundo antiguo. En el siglo V, a causa de la prohibición expresa de muchas actividades consideradas paganas, comenzó su abandono, sirviendo sus piedras como cantera para la edificación de una basílica en su arena que conmemorase a los tres mártires tarraconenses inmolados en ella. Aún pueden verse los restos de dicha iglesia donde antes gladiadores luchaban entre el clamor del pueblo...

Cavea del Circo
 No sólo el anfitatro merece visita obligatoria; pues los restos del Circo y el Pretorio componen este fabuloso conjunto arqueológico. El Circo de Tarraco es de tiempos de Domiciano (s. I d.C.) y también fue abandonado en el siglo V a causa de la gran crisis ideológica, política y económica que sacudió el Imperio.

Museo Arqueológico de Tarragona

 Junto al Pretorio, una edificación medieval alzada sobre la muralla romana, está el Museo Nacional Arqueológico de Tarragona (MNAT). Sus salas son evocadoras, y grandes piezas se pueden saborear, pero es una lástima que ninguna publicación se venda allí; hay una coleción envidiable que nadie puede llevarse a casa en papel satinado... y menos ahora en estos abyectos tiempos del recorte discriminado.

 A falta de libros, esta es la website mejorable del museo,http://www.mnat.es/, un edificio de dos plantas que atesora joyas como esta gorgona que sirvió para la confección plástica de mi novela Valentia...


La Gorgona del MNAT
Siempre tengo un guiño para Tarraco en mis novelas:

 [...] El potente sol estival se reflejaba como láminas de pan de oro sobre las mansas aguas de la bahía de Tarraco. Abrazándolas se vislumbraban colinas repletas de feraces y ordenados huertos de oliveras, vides y frutales dispuestos en simetría en los campos colindantes a las fortificaciones imponentes de una ciudad que había sido antaño residencia temporal de personajes tan ilustres como Escipión el Africano o el divino princeps Octavio Augusto. Pero en aquel tiempo, durante los últimos años de gobierno de Diocleciano, el pasado glorioso de la próspera colonia de Tarraco, capital y primera gran ciudad de la República en Hispania, era justo eso, sólo pasado [...] 
DEVOTIO
***


lunes, 19 de marzo de 2012

La Huella de Roma en la Comunitat Valenciana, L'Illeta dels Banyets


La huella de Roma en la Comunitat Valenciana

L'Illeta del Banyets (El Campello, Alacant)

 En el término municipal de El Campello, Alacant, se encuentra un fabuloso yacimiento arqueológico que contiene restos urbanísticos desde la Edad del Bronce, templos, tumbas, una cisterna, el trazado de un poblado de época ibérica y, sobre él, una villa romana imperial. Se sabe que el lugar fue habitado hasta época árabe. L'Illeta no fue en aquellos tiempos una isla, como reza su nombre, sino una península pero, por los efectos de la erosión, el itsmo que la unía con tierra firme desapareció durante la Edad Media, dejando este reducto floral y cultural separado de la costa hasta 1944. Es de mentar el jardín endémico que se puede visitar de camino al vivero-piscifactoría: raïm de pastor, lletugueta de saladar, ull de bou, saladella, sosa, fenoll marí entre otras especies autóctonas de los acantilados mediterráneos.


 Del trazado del poblado-factoría ibero quedan bastantes restos dignos de ver: dos templos al estilo Ilici, un almacén, un lagar y varias viviendas. De la villa romana se conservan las termas que se alzaron sobre él coincidiendo con el apogeo comercial del área Alonis / Lucentum tras las guerras civiles. Dos grandes viveros tallados en la roca evidencian la crianza de pescado; la existencia de restos de alfares frente a L'Illeta hace suponer que también se elaboraban otros productos como aceite y vino, y quizá garum.
Panorámica de L'Illeta dels Banyets
Este lugar es uno de los escenarios de mi nueva novela:

 "En menos de una hora llegamos frente a nuestro destino; ante nosotros se extendía una destartalado alfar situado en la entrada de una península elevada y rocosa, de rala vegetación y estrecho acceso, quizá abandonada hasta por las gaviotas. Unas construcciones de adobe tan antiguas como la Idubeda se levantaban en el centro de aquella lengua de piedra que se adentraba en el mar conformando un entramado en cuadrícula de callejuelas estrechas. Las olas batían sus orillas con inusitada violencia, alzando columnas de espuma tan blanca como la nieve y creando grutas por las que las aguas se remansaban. Un par de guerreros vestidos con túnicas blancas, pertrechados con soliferros y caetrae, montaban guardia en la parte más estrecha de la península, el único acceso por tierra a aquella vieja aldea factoría. Tras ellos había un murete de argamasa en cuyo centro destacaban dos esculturas bovinas que habían perdido su forma y su color originales expuestos a la corrosión de los temporales. Allí fue donde nos despedimos sin demasiados remilgos, pues mi camarada de evasión debía volver a Lucentum antes de la puesta de sol"

DEVOTIO, Los enemigos de César 

 Este vivero excavado en la propia roca en el que se criaban pescado se data de finales del siglo I a.C. o principios del siglo I d.C., por lo que es contemporáneo de mis nuevos relatos. Es curioso que en toda Hispania sólo haya viveros de este tipo desde Dianium a Lucentum, y más con la profusión con la que se eleboraba el famoso garum en toda la costa.


La piscifactoría romana
El lagar ibero

 Pese a su sencillez y discreto tamaño, las termas de L'Illeta son idénticas a las de la vecina Lucentum, con su frigidarium (sala fría) con una pequeña bañera, el tepidarium (sala templada) para los masajes y el caldarium (sala caliente) Las dos últimas eran caldeadas con un hipocausto que todavía puede verse.

Hipocaustum

Las termas romanas del siglo I d.C.
Labra del caldarium

L'Illeta dels Banyets es visita obligada para quienes amamos la vieja Hispania y el mar... 

Para más información turística sobre El Campello:


martes, 22 de noviembre de 2011

Las TERMAS de VALENTIA en 3D


Recreación de las termas republicanas de VALENTIA.


 En esta imagen vemos el conjunto termal a espaldas del foro. Justo en la conjunción entre el Decumano Máximo y el Cardo Máximo (la calle principal que atravesaba la ciudad desde la Porta Sucronensis a la Saguntina), se encontraban las primeras termas que se edificaron en Valentia, y una de las primeras de toda Hispania, pues están fechadas en la segunda mitad del siglo II a.C.


Las termas, los despachos de la administración municipal y el foro, en el que destaca la Basílica (hoy bajo la Catedral)

Centro arqueológico de L'Almoina

 Más de veinte siglos después, aún podemos ver como eran las termas de Valentia; el pavimento se ha reconstruido, respetando el original donde se ha podido, así como la labra (la bañera principal) del caldarium.

Gracias a la recreación por 3D, nos podemos imaginar como fueron...

Os dejo un video muy interesante sobre estos venerables restos:





jueves, 10 de noviembre de 2011

Valentia, ciudad rebelde a la República



 Así pudo ser la Valentia pro-sertoriana que se toparon las tropas de Pompeyo el Grande en su campaña del 75 a.C.


El asalto tuvo que ser realmente cruento, tanto que el procónsul ordenó ajusticiar en el Foro a los cabecillas rebeldes para disuadir a la población de futuras disidencias...

Aquí tenemos una de las muestras de la dura represión pompeyana.

 Varios esqueletos como éste, y muchas piezas más, siguen esperando metidos en cajas en una nave municipal del Polígono Industrial Vara de Quart a que el Ayuntamiento de Valencia se digne a crear una exposición de material arqueológico de la Valentia romana. Con la fundación de Urdangarín se gastaron 450.000€ en "eventos", así que me gustaría saber qué esperan hacer con tantos miles de piezas criando miseria en un almacén municipal. Qué absurda obstinación en ignorar nuestro importante pasado romano...



lunes, 7 de noviembre de 2011

La CVRIA de VALENTIA en 3D



La CVRIA era el lugar en el que el Senado de Valentia tomaba las decisiones importantes, se promulgaban leyes y decretos municipales y se elegía a los magistrados entre los cien decuriones que formaban la oligocracia que gobernaba las colonias romanas; en época republicana sólo había una cámara, pues hasta el 75 a.C., la fatídica fecha en la que las legiones de Pompeyo el Grande entraron a sangre y fuego en la ciudad, Valentia contaba con un único equipo de gobierno municipal. Fue tras la refundación de la ciudad en el tiempos del principado cuando se establecieron las dos cámaras VETERES ET VETERANI para salvaguardar los derechos de los ciudadanos oriundos y los recién llegados.


Fachada porticada de la CVRIA


Recreación de la doble puerta de bronce de la CVRIA y la disposición de las sillas de los magistrados valentinos.




Una de estas cámaras aún puede verse en el Centro Arqueológico de L'Almoina.


Plaza de Décimo Junio Bruto S/N, 46001 València

miércoles, 13 de abril de 2011

Revista Desperta Ferro: La República en peligro



Por fin un medio rinde tributo a Quinto Sertorio, caballero sabino, protegido de Cayo Mario, héroe de las campañas contra los cimbrios y teutones, tribuno gracias a sus gestas en la Oretania, procónsul en Hispania, duro rival de Pompeyo el Grande, hombre admirado y temido, amado y traicionado, quizá uno de los rebeldes románticos más fascinantes en los estertores de la República romana... y protagonista histórico de mi VALENTIA, las memorias de Cayo Antonio Naso

En el próximo número de la revista Desperta Ferro podremos leer mucho sobre mi héroe favorito y su época:



Mayo 2011



Nº 5: La República en peligro: Sertorio, Espartaco y Mitrídates.

El mundo mediterráneo entre Cayo Mario y Julio César, por Pau Valdés Matías

El ejército tardorrepublicano, por Yann Le Bohec, profesor de Historia Romana en La Sorbona

Quinto Sertorio, el patriota republicano, por Francisco Pina Polo, profesor de Historia Antigua en la Universidad de Zaragoza

Sertorio y los hispanos, por Fernando Quesada Sanz, profesor de Arqueología, UAM

Las guerras cimbrias, por Alberto Pérez Rubio

Enemigo implacable: Mitrídates el Grande, por Philip Matyszak

La campaña de Pompeyo contra Mitrídates VI del Ponto (66 a.C.), por Luis Amela Valverde, Grupo de Investigación CEIPAC, UB

Las guerras serviles en Sicilia, por Pedro López Barja de Quiroga, profesor de Historia Antigua en la Universidad de Santiago de Compostela

Gladiadores fuera de la arena, por Ricardo Cagigal




sábado, 27 de noviembre de 2010

Vistas de la Hispania de Sertorio: SEGOBRIGA





[...] Mi tío se unió a la expedición. Con su mujer y sus dos hijos muertos e incinerados nada le ataba al frío terruño. Su alma clamaba venganza al igual que la mía y que mejor oportunidad de darle salida a aquella rabia que enrolado en las huestes populares. El sabino se alegró de verme de nuevo cuando llegamos a la concentración de las tropas frente a Calagurris. El niño había despertado de su letargo invernal con más hambre que un lobo y había puesto su mirada sobre las ciudades que aún mantenían su fidelidad a Sertorio en la lejana Ulterior, tomando una tras otra con la contundencia que le daban sus cuatro legiones rejuvenecidas con la llegada de las levas senatoriales y los fondos patrios.


 A su vez, Metelo, también de nuevo en marcha desde su cuartel de invierno de las Galias, cruzó los Pirineos y cayó sobre la desprovista Bílbilis, tomándola al asalto. Después condujo a sus hombres río arriba adentrándose en las llanuras de la Carpetania y reduciendo a escombros nuestra aliada Segóbriga. A que extremo llegaba la pusilanimidad de Metelo, temeroso de enfrentarse directamente  a las argucias del sabino, que llegó a poner precio su cabeza, colocando su valor en cien talentos de plata y veinte pletros[1] de tierra para quien le matara si era un romano, incluyendo en la recompensa el regreso a Roma y restitución de tierras y privilegios si era un desterrado. Era algo insólito que un procónsul pusiese precio a la cabeza de un rival, propiciando así que un miserable traidor culminase él sólo lo que dos ejércitos consulares eran incapaces de hacer. A tal insensatez se llegó en aquellos turbios e insólitos tiempos [...]



[1] Un pletro correspondía a un tercio de estadio, medida grecorromana de uso común equivalente a 185,119 metros, así pues Metelo prometió una parcela de 1.200 m2 a quien liquidara al tuerto.

Fragmento de VALENTIA


 SEGOBRIGA es, junto a BAELO CLAVDIA, uno de los yacimientos romanos mejor conservados de toda la vieja Hispania

 La ciudad romana se levanta sobre la antigua población celtíbera Sego - Briga (la ciudad del valiente), ya mencionada en tiempos de Viriato y situada en lo  alto del cerro y de la que no ha quedado prácticamente nada. Fue ciudad estipendaria durante toda la época republicana. Sabemos que secundó el alzamiento de Quinto Sertorio en el 80 a.C. y se mantuvo fiel a la revuelta hasta que Quinto Ceclio Metelo la tomó para la facción gubernamental en el 75 a.C. (el mismo año que Bílbilis, Valentia y Kelin)

No podemos dudar de su importancia estratégica en la meseta oriental, por algo Plinio la definió como CAPVT CELTIBERIAE

Reconstrucción en 3D de Segóbriga en época imperial

 La guerras civiles pasaron e Hispania recuperó la paz. El principado de Augusto supuso uno de los avances urbanos y sociales más importantes de la Historia de España. En el caso que nos ocupa, fue Augusto quien le concedió el título de municipium a Segóbriga, impulsando su reconstrucción al estilo de la época, aplanando en terrazas la meseta sobre en río Guigüela en la que se ubicaba la ciudad.

La cavea del Teatro

 Desde el principado de Augusto hasta los tiempos de los Flavios la ciudad se embelleció con hermosos edificios públicos como un Teatro (inaugurado hacia el 78 d.C.), un Anfiteatro con aforo para 5.500 expectadores, el Circo, el Foro y un importante conjunto termal de inspiración griega.

El Anfiteatro

 Esta prosperidad parece íntimanente ligada a la explotación de un recurso local muy demandado en aquellos años de nuestro primer "boom inmobiliario", el lapis specularis, llamado hoy yeso translúcido. Era un elemento de decoración habitual en las ventanas y muy usado para decoración mural. Se transportaba desde las minas adyacentes por una calzada hasta Cartago Nova, puerto por el la ciudad estaba conectada con el resto del Imperio.

Vista panorámica del Foro

 Al igual que el resto de la Hispania romana, la crisis de los siglos III y IV de nuestra era pasó factura a las ciudades. Segóbriga no aparece en los registros de ciudades saqueadas por las correrías bárbaras, su enemigo fue interno: la parálisis económica interrumpió el comercio del lapis specularis, y sin ingresos la ciudad se fue degradando, abandonándose paulatinamente. El último monumento erigido en una ciudad decadente es la basílica paleocristiana, lejos del antiguo centro urbano y ya en época visigoda.

La noche de los tiempos engulló Segóbriga... Hoy, gracias a su magnífico centro de interpretación y el buen estado de sus ruinas, podemos pasear por la hermosa campiña carpetana y rememorar como fue en sus mejores tiempos...

Para más información:


Cerro de Cabeza de Griego, Saélices (Cuenca)


viernes, 19 de noviembre de 2010

El primer Hospital de Valentia


El templo de Esculapio de VALENTIA


Estaba situado cerca de la Porta Decumana, cerca del Turius.
Fue el primer hospital de Valentia y estuvo en activo hasta la entrada del cristianismo.

[...] Después de caminar sorteando los cúmulos de escombros y los hediondos charcos fangosos de los que sobresalía algún despojo humano, medio descompuesto o mordisqueado por las alimañas, nos acercamos a la casa en la que se había establecido el nuevo negocio de Menufeth. El egipcio se quedó inmóvil, impasible, viendo como todo su trabajo, todo su esfuerzo, se había convertido en un amasijo de deshechos, brozas y piedras calcinadas. Cientos de cristalillos de vidrio, herramientas retorcidas, astillas y fragmentos de ungüentarios de loza y ánforas de aceites tópicos salpicaban los embarrados restos de lo que había sido la sala de curas de su consulta.

Todos aquellos fragmentos eran los lúgubres testigos del cruel e irracional destrozo que habían provocado la ira de la guerra y la posterior riada. Menufeth pasó de la parálisis al abatimiento, con la túnica empapada de fétido y oscuro barro y sentado en el podio de arenisca en el que en otros felices tiempos había estado la hermosa estatua de Esculapio que presidía el atrio y que, ante él, estaba hecha añicos.

Se quedó absorto, jugando con un bisturí y un estilo enmohecidos que había sacado de entre los cascotes. Era la triste tónica de su vida, hora de empezar de nuevo [...]

Fragmento de El Pulso de los Titanes (Tomo XII de VALENTIA)